De la televisión a los televivientes.

David Trias
David Trias

Hace unos meses, bastantes más de los que tu imaginación te ha hecho pensar, decidimos apagar la televisión, y a día de hoy, ayer y mañana; te puedo garantizar que es una de las mejores decisiones que puedes tomar en la vida.

Todo sucedió de forma natural, sin ninguna apuesta ni necesidad de demostración de nada con nadie, ni pretender ser más espirituales ni tantear ningún ego, simplemente sentimos como una llamada interna a ir más allá del «stablishment» social actual.

Parecía incoherente estar en estos mundos espirituales y  dedicar tiempo a una “necesidad” y “realidad” de la que no escogíamos más que el canal, ya que a fin de cuentas, todos los contenidos son el mismo aunque tengan un enfoque diferente y pongan unas u otras palabras o utilicen uno u otro idioma.

¿Cómo puede ser coherente el camino espiritual y la sabiduría con la televisión?

El fondo, lo que ocurre en verdad, es la misma para todos, regalar el tiempo de nuestra vida a una actividad que se evapora. Permitir que te roben vida, mucha vida si te pones a contar bien. Y eso empezó a retumbar en nuestro interior y a volverse inadmisible.

¿Cómo puede ser que sin darme cuenta acabe regalando gratuitamente entre 3 y 5 horas diarias de mi vida a nada?

Realmente escalofriante. Haz tus cuentas y date cuenta ante todo de una realidad indiscutible: ¿qué harías ahora mismo si te devolvieran todas esas horas que has regalado, no gratuitamente, pues te han costado vida y recursos?

Y eso es lo que enseñas a tus predecesores cuando les educas como ejemplo que eres. A que pierdan vida, su vida, esa vida tan maravillosa que trajiste a este mundo y en la que pusiste tantos sueños, ilusiones y emociones. Es para darse un golpe de realidad y sentir un gran vacío y una pena profunda ante este ejemplo que somos y damos, permitimos e incentivamos.

(y hablo solo del televisor, suma después tablets y smartphones si te atreves a descubrir que clase de ejemplo es tu ser)

No nos desviemos mucho porque el tiempo vale lo que no está escrito. El tiempo no vuelve, el tiempo se desvanece y adquirir la sabiduría y el conocimiento del tiempo no da vida.  Y no una vida cualquiera, una vida profunda e intensa, una vida consciente. Una vida donde elegimos cada actividad sabiendo el tiempo que decidimos dedicar a cada cosa.

Gastamos el tiempo en crear y entramos en otra dimensión, en otra realidad donde te puedo asegurar que se vive en una calidad de vida muy superior.

Después de apagarla, vino taparla y así se quedó sin funcionalidad alguna hasta día de hoy y por muchos que le quedan.

Empezamos a tener tiempo para nosotros, para hablar, para compartir, nuestros estados anímicos se fueron volviendo más estables y armoniosos.

Tomamos conciencia de dónde decidimos dedicar nuestro tiempo irrecuperable

El miedo, la inseguridad, la tensión y la ansiedad social se fueron desvaneciendo, no entendíamos nada, interactuábamos con personas que sentías que estaban sufriendo, repitiendo durante los mismos días los mismos temas y estábamos maravillados de ese fenómeno.

Lo que parecía casual se volvió causal cuando descubrimos que las corrientes, tendencias o temas latentes eran los que derivaban de las televisiones. Descubrimos su funcionamiento real, repetir repetidamente durante unas horas determinadas sobre el mismo tema, con frases anclaje y frases de relleno para generar que los televivientes siguieran esa corriente y como receptores, después fueran emitiendo y repitiendo como si de su vida y vivencia se tratara.

Sin duda, y emociones o valores parte; una maravilla de cadena de acontecimientos. Pones recursos en repetir y repetir hasta que adoctrinas a repetir lo que tú estás decidiendo. Tú decides por los demás que van a repetir durante dos o tres días mientras encadenas otras cosas que también te interesa que repitan para no agotar un tema y así ir haciendo que te retroalimente.

Lo dicho, una maravilla, un robo de vida legal, permitido y consentido. Dejas de decir y hacer vida pera repetir y no hacer nada pensando que piensas y haces.

Las maravillas de la vida que también descubrimos es que el nivel de miedo e inacción de vida por parte de los televivientes es que es proporcional a las horas de exposición al paralizador.

Su nivel de enfermedad, dolor, calidad del sueño entre otros, también.

El envejecimiento es quizás donde más se nota, aunque para algunos ya es tarde y como no han tenido vida ya no entienden su significado y sus días de vida son el camino que transcurre en la vida de otros, esperando la muerte sin actividad. Esto se produce de manera más rápida que las personas que eligieron vivir.

Por alguna razón, los que eligieron vivir se mantienen más jóvenes, ágiles, flexibles, con menos dolor, la mente más despierta. Siguen realizando actividades y su fase terminal en la vida es mucho más agradable. Los que eligieron televivir envejecen más rápido y en peores condiciones. Como me gustaría tener los recursos para realizar un estudio con lo que hemos observado para salvar tantas vida como fuera posible, devolver vida a los televivientes. Que recuperen su acción, su movimiento, su interés por sus cosas en vez de vivir la vida de los demás que ni saben ni conocen de su existencia, pero como los ven cada día pueden incluso llegar a tratar de amigos (una maravilla de la mente y su imaginación)

Y así fue y así es, apagamos la tele-visión, escogimos vida en vez de tele-vida y desde entonces hablamos, comunicamos, escribimos, hacemos infinidad de actividades, somos conscientes del tiempo de vida y dedicamos conscientemente cada segundo para lo que hemos elegido conscientemente.

Como tú ahora y a quien agradezco haber dedicado este tiempo de vida a sentir lo que de este texto se transmite.

Gracias por tu tiempo, gracias por tu vida.

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