El miedo a perder, por Fran Soto

Fran Soto
Fran Soto

Cuando hablamos del sentimiento de pérdida las personas que hemos emprendido un camino espiritual de automejora, solemos traer a la mente rápidamente el concepto egoico de “posesión”.

Perderse sólo puede implicar perderse en Uno mismo

En el momento en que asumimos que absolutamente toda “propiedad” es de Dios, podemos abandonar esas viejas creencias. Ello puede comprenderse a través de la expansión de conciencia que nos muestra que todos formamos parte de un TODO, y que es necesario soltar viejos patrones o viejas cosas materiales para precipitar las nuevas.

Sin embargo ¿Y si no se quiere mejorar? ¿Y si no se quieren admitir patrones nuevos? La respuesta va en consonancia con el nivel de adelanto espiritual de cada persona. En ese sentido, y en función de la propia comunicación con su Ser Superior o “Yo Soy”, puede ser que en la vida cotidiana se provoquen acontecimientos que permitan adecuar las personas que llegan a nuestra vida, las que salen de ella, o las cosas materiales que hayan de ser ajustadas a nuestro momento espiritual específico.

Cuando nos encontramos a nosotros mismos no podemos temer perder nada

Cabe recalcar que una persona que ha iniciado una vida espiritual comprometida sabe que su plena dedicación es a su propia evolución sostenida, que el mundo se cambia a través de su propia transformación.

No es necesario obsesionarse con la pérdida de cosas materiales, desnudos llegamos y desnudos nos vamos, si bien la riqueza material no es desechable, lo que el humano ascendido no ha de permitirse es la dependencia de algo material, o de creerse con un poder espiritual superior como para influir en el curso de la vida o la muerte pues “ni uno de vosotros podéis contar vuestros cabellos”.

Fluir permite contemplar y contemplar permite fluir, sin ningunear a nuestro poder co-creador, no debemos erigirnos en pseudodioses que pueden controlar un mundo entero (aunque literalmente sea posible), sino en perfeccionar nuestro templo interior consagrado al Servicio Divino. No deja de ser esto un propósito de vivir una vida íntegra, muchas veces aparentemente excéntrico respecto a los demás.

El sentimiento de pérdida como propio implica un desconocimiento de las leyes del cosmos que rigen la generación y la destrucción, la revitalización y en definitiva, de los ciclos que rigen de manera armoniosa el funcionamiento del Ser Uno. Como prueba están las estaciones del año, con las hojas de los árboles que caen en otoño y “se pierden”, ante el árbol, que vuelve a generarlas en primavera.

La propiedad forma parte de la ilusión de la dualidad en tanto en cuanto atribuye a nuestro ser la potestad de determinar el destino de algo.

Si no está en consonancia con nuestra capacidad perceptiva, el dejar de poseer algo será visto como una ofensa o como un trauma. En función de nuestra percepción de visualizarlo como algo estrechamente vinculado a nuestro propósito de vida, lo catalogaremos de una u otra forma.

En ese sentido, y como método de aprendizaje (que siempre ha de ser comprobado y verificado por el estudiante), es muy remarcable la aplicación de la contemplación constante. ¿Qué es la contemplación? A menudo puede considerarse que es un sistema oriental enfocado en “no hacer nada”, pero en realidad es algo que va más allá. Realmente supone todo cuanto nuestro ego inferior nos pueda impeler a realizar y mucho más.

A través de la meditación consciente nuestra vida transcurre como unos raíles, no se separan y siempre llegan a destino

En primer lugar comporta una fluidez con los avatares del destino, otorgando siempre un motivo divino a todos los acontecimientos. En segundo lugar, y de manera más pragmática supone un reconocimiento de la Voluntad Suprema en todo lo que ocurre, entendiendo todo transcurso de acontecimientos en una línea temporal-espacial más allá de un mero entendimiento lógico-egoico, es decir, un “todo pasa por algo”. Y en tercer lugar resulta en una abstracción del propio acontecer de los sucesos a través de la meditación o interrupción del diálogo interno propio para meramente constatar la sincronía de acontecimientos.

Con esta última forma, que normalmente se logra a través de la meditación activa y de la puesta en funcionamiento de nuestras capacidades unificadoras, además de relativizar o de meramente no considerar el concepto de pérdida como tal, lograremos una mayor armonización de todos nuestros vehículos.

AUTOR: Fran Soto, redactor en la gran familia de hermandadblanca.org

2 comentarios

  1. Síiii, me encantó llega a mi vida en un momento crucial,no es casualidad,más bien causalidad y claro todo pasa por algo verdad ? Muchas gracias Frank Soto

  2. Síiii, me encantó llega a mi vida en un momento crucial,no es casualidad,más bien causalidad y claro todo pasa por algo verdad ?

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