La Voz del Silencio: Los Dos Senderos – Helena Blavatsky

Rosa (Editora)

helena blavatsky en un marco redondo

Fragmento segundo

Los dos senderos

 

Y ahora, oh Maestro de Compasión, indica el camino a los demás hombres. Contempla a todos aquellos que, llamando para ser admitidos. esperan en la ignorancia y en las tinieblas ver abierta repentinamente la puerta de la ley suave.

La voz de los candidatos:

 

¿No revelarás tú, Maestro de tu propia clemencia, la Doctrina del Corazón? (1) ¿Rehusarás guiar a tus siervos al Sendero de Liberación?

Dice el Maestro:

 

Los Senderos son dos; las grandes Perfecciones, tres:

seis son las Virtudes que trasforman el cuerpo en el Arbol del Conocimiento.(2)

¿Quién se aproximará a ellos?

¿Quién será el primero que en ellos entrará?

¿Quién oirá primeramente la doctrina de los dos Senderos en uno, la verdad sin velo acerca del Corazón Secreto? (3)

La ley que, rehuyendo el estudio, enseña la Sabiduría, revela una historia de angustias.

¡Ah! Triste cosa es que todos los hombres posean Alaya, (4) que sean uno con la Alma grande, y que, poseyéndola, Alaya les aproveche tan poco.

Contempla cómo, a semejanza de la luna que se refleja en las aguas tranquilas, Alaya es reflejada por lo pequeño y lo grande, se reverbera en los átomos más diminutos,. y sin embargo, no logra alcanzar el corazón de todos. ¡Ah, qué tan pocos hombres se aprovechen el don, del inapreciable beneficio de aprender la verdad, de lograr la verdadera percepción de las cosas existentes, el conocimiento de lo no existente!

Dice el discípulo:

 

Oh Maestro, ¿qué debo yo hacer para alcanzar la Sabiduría?

Oh tú, sabio, ¿qué haré para obtener la perfección?

Dice el Maestro:

 

Ve en busca de los Senderos. Pero, oh lanú, sé limpio de corazón antes de emprender el viaje. Antes de dar el primer paso, aprende a discernir lo verdadero de lo falso, lo siempre fugaz de lo sempiterno. Aprende sobre todo a distinguir la Sabiduría de la Cabeza, de la Sabiduría del Alma; la doctrina del «Ojo», de la del «Corazón».

Verdaderamente, la ignorancia se asemeja a un vaso cerrado y sin aire; el alma es como un pajarilla preso en su interior. No gorjea ni puede mover una pluma, mudo y aletargado queda el cantor, y exhausto muere.

Pero aun la ignorancia misma es preferible a la Sabiduría de la Cabeza, si ésta no tiene la Sabiduría del Alma para iluminarla y dirigirla.

Las semillas de Sabiduría no pueden germinar y desarrollarse en un espacio sin aire. Para vivir y cosechar experiencia, necesita la mente anchura y profundidad y fines que la atraigan al Alma-Diamante.(5)
No busques tales fines en el reino de Maya; remón­tate por encima de las ilusiones, busca al eterno e inmutable Sat,(6) desconfiado de las falsas sugestiones de la fantasía.

Porque la mente es parecida a un espejo; cúbrese de polvo mientras refleja. (7) Ha menester de las suaves brisas de la Sabiduría del Alma para que arrebaten el polvo de nuestras ilusiones. Procura, principiante, fundir tu mente con tu Alma.

Huye de la ignorancia, huye igualmente de la ilusión. Aparta tu faz de las decepciones mundanales; desconfía de tus sentidos, porque son falsos. Pero en lo interior de tu cuerpo, en el sagrario de tus sensaciones, busca en lo impersonal al «hombre eterno», (8) y una vez lo hayas encontrado, mira hacia dentro: eres Buddha. (9)

Apártate del aplauso, oh tú, devoto. El aplauso conduce al engaño propio. Tu cuerpo no es el yo; tu YO existe por sí mismo independientemente del cuerpo, y no le afectan ni los elogios ni los vituperios.

La propia alabanza, discípulo, es a manera de una torre elevada, a la cual ha subido un loco presuntuoso, que permanece allí en orgullosa soledad e inadvertido de todos, excepto de él mismo.

El falso saber es desechado por el sabio y esparcido a los vientos por la buena ley. Su rueda gira para todos, así para el humilde como para el soberbio. La «Doctrina del Ojo» (10) es para la multitud; la «Doctrina del Corazón» es para los elegidos. Los primeros repiten con orgullo: «Ved, yo sé»; los segundos, aquellos que humildemente han recogido la cosecha, en voz baja dicen: «Así he oído yo».(11)

«Gran Tamizador» es el nombre de la «Doctrina del Corazón», discípulo.

La rueda de la buena ley se mueve rápidamente. Muele de noche y de día. Separa del dorado grano la despreciable cascarilla, y de la harina los desechos.

La mano del Karma guía la rueda, y sus vueltas marcan los latidos del corazón kármico.

El verdadero saber es la harina; la falsa ciencia es la cascarilla. Si quieres comer el pan de Sabiduría, tienes que amasar tu harina ron las límpidas aguas de Amrita; (12) pero si amasas tú escorias con el rocío de Maya  no harás sino preparar alimento para las negras palomas de la muerte, para las aves de nacimiento, miseria y dolor.

Si te dicen que, para convertirte en un Arhán (13) tienes que dejar de amar a todos los seres, diles que mienten.

Si te dicen que, para conseguir la liberación, has de odiar a tu madre y desatender a tu hijo, negar a tu padre y llamare «amo de casa», (14) renunciar a toda compasión por el hombre y el animal, diles que su lengua es falaz.

Esto enseñan los Tirthikas,(15)  los incrédulos.

Si te enseñan que el pecado nace de la acción, y la bienaventuranza de la inacción absoluta, diles entonces que yerran. La falta de continuidad de la acción humana; la liberación de la esclavitud de la mente por medio de la cesación del pecado y de los vicios, no son para «Yos-Deva».(16) Tal dice la «Doctrina del Corazón».

El Dharma (17) del «Ojo» es la encarnación de lo externo y de lo no existente.

El Dharma del «Corazón» es la encarnación de Bodhi; (18) lo Permanentemente y lo Sempiterno.

La lámpara arde con brillantez cuando la mecha y el aceite son puros. Para purificarlos es menester un purificador. La llama no experimenta el proceso de purificación. «Las ramas de un árbol son sacudidas por el viento; el tronco permanece inmóvil».

La acción e inacción pueden hallar juntas cabida en ti; agitado tu cuerpo, tranquila tu mente, tan nítida tu Alma como un lago de la montaña.

¿Quieres tú convertirte en un Yogui del «Círculo del tiempo»?

Entonces, oh lanú:

 

No creas que viviendo en selvas sombrías, en orgulloso retiro y apartamiento de los hombres, no creas tú que alimentándote sólo con hierbas y raíces y mitigando la sed con la nieve de la gran Cordillera; (19) no creas tú, devoto, que todo esto pueda conducirte a la meta de la liberación final.

No imagines que con quebrantar tus huesos y lacerar tus carnes te unas a tu «yo silencioso».(20) No pienses que una vez vencidos los pecados de tu forma grosera, oh Víctima de tus sombras (21) queden cumplidos tus deberes para con la Naturaleza y el hombre.

Los bienaventurados han desdeñado obrar de tal suerte. El León de la Ley, el Señor de Misericordia (22) al descubrir la verdadera causa de la miseria humana, abandonó inmediatamente el dulce pero egoísta reposo de la selva tranquila. De Aranyaka (23) , pasó a ser Maestro de la humanidad. Después de haber Julai (24) entrado en el Nirvana, predicó en el monte y el llano, y pronunció discursos en las ciudades, a los Devas, a los hombres ya los dioses. (25)

Siembra buenas acciones, y recogerás el fruto de ellas. La inacción en una obra de caridad, viene a ser acción en un pecado mortal.

Así habla el Sabio:

¿Te abstendrás de la acción? No es así como alcanzará tu alma su libertad. Para llegar al Nirvana, debe uno conseguir el conocimiento de Sí mismo; y el conocimiento de Sí mismo es hijo de las buenas obras.

Ten paciencia, candidato, como aquel que no teme ningún fracaso, ni acaricia triunfo alguno. Fija la mirada de tu alma en la estrella cuyo rayo eres tú, (26) en la estrella flamígera que resplandece en los tenebrosos abismos del eterno Ser, en las regiones sin límites de lo Desconocido.

Ten perseverancia, como aquel que resiste eterna­mente. Tus sombras viven y se desvanecen; (27) aquello que en ti vivirá siempre, aquello que en ti conoce, porque es el conocimiento, (28) no está dotado de vida efímera, es el hombre que fue, es y será, y para quien jamás sonará la hora.

Si pretendes lograr dulce paz y reposo, discípulo, siembra con las semillas del mérito los campos de las cosechas venideras. Acepta las miserias del nacimiento.

Pasa de la luz del sol a la sombra para hacer más sitio a otros. Las lágrimas que riegan el árido suelo de dolores y tristezas, hacen brotar las flores y los frutos de retribución kármica. Del horno de la humana vida y de su negro humo elévanse llamas aladas, llamas puras, que remontándose más y más bajo el ojo kármico, tejen al fin la tela gloriosa de las tres vestiduras del Sendero.(29)

Estas vestiduras son: Nirmânakâya, Sambhoga Kâya y Dharmakâya, la sublime vestidura. (30)

La vestidura Shangna, (31) puede verdaderamente proporcionar la luz eterna. La vestidura Shangna sólo da el Nirvana de destrucción; pone término al renacimiento, pero, oh lanú, también mata la compasión.
Los Buddhas perfectos que están revestidos de la gloria de Dharmakâya, no pueden ya coadyuvar a la salvación del hombre. ¡Ah!, ¿serán todos los YOS sacrificados al Yo; la humanidad al bienestar de Unidades?

Sabe, principiante, que éste es el SENDERO patente, el camino que conduce a la bienaventuranza egoísta, despreciada por los Boddhisattvas del «Corazón Secreto», los Buddhas de Compasión.

Vivir para el bien de la humanidad, es el primer paso. Practicar las seis virtudes gloriosas, (32) es el segundo.

El tomar para sí la humilde vestidura del Nirmanakâya, es renunciar a la eterna felicidad de uno mismo, para contribuir a la salvación del hombre El obtener la bienaventuranza del Nirvana y renunciar luego a ella, es el paso final, supremo, el más alto en el Sendero de la Renunciación.

Sabe, discípulo, que éste es el SENDERO secreto escogido por los Buddhas de Perfección que han sacrificado el YO a los Yos más débiles.

Empero; si la «Doctrina del Corazón» es de un vuelo excesivamente elevado para ti; si has menester de auxilio para ti mismo y temes ofrecérselo a los demás, entonces, oh tú de corazón tímido, sábelo con tiempo, conténtate con la «Doctrina del Ojo» de la Ley.

Espera, no obstante. Porque si el «Sendero secreto» es inaccesible para ti en este «día», estará a tu alcance
«mañana».(33) No olvides que ningún esfuerzo, ni aun el más insignificante, así en buena como en mala dirección, puede desvanecerse del mundo de las causas. Ni aun el disipado humo queda sin huella. «Una palabra dura pronunciada en pasadas vidas, no es destruida, vuelve de nuevo».(34) No nacerán rosas del pimentero, ni la argentina estrella del perfumado jazmín se convertirá en una espina o un cardo.

Puedes tú crear en este «día» las eventualidades para tu «mañana». En la «Gran Jornada», (35) las causas a cada hora sembradas llevan consigo, cada una de ellas, su cosecha de efectos, porque la inflexible Justicia rige el mundo. Con poderoso impulso de acción que jamás yerra, aporta a los mortales vidas de felicidad o de sufrimiento, progenie kármica de todos nuestros anteriores pensamientos y actos.

Atesora, pues, por tanto mérito como hay en reserva para ti, oh tú de corazón paciente. Ten buen ánimo y conténtate con tu suerte. Tal es tu Karma, (36) el Karma del cielo de tus nacimientos, el destino de aquellos que en su dolor y tristeza, han nacido al mismo tiempo que tú, regocíjate y llora de vida en vida, encadenado a tus acciones pasadas.

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Trabaja para ellos «hoy», y ellos trabajarán para ti «mañana».

De la yema de la Renuncia del Yo, brota el dulce fruto de la Liberación final.

Condenado a perecer está aquel que, por miedo a Mara, se abstiene de ayudar al hombre, como no sea en provecho propio. El peregrino que ansía refrescar sus secos labios en las aguas vivas, y sin embargo no se atreve a lanzarse en ellas por temor a la corriente, se expone a sucumbir de calor. La inacción originada del miedo egoísta, no puede producir sino malos frutos.

El devoto egoísta vive sin objeto alguno. El hombre que no desempeña la tarea que tiene asignada en la vida, ha vivido en vano.

Sigue la rueda de la vida, sigue la rueda del deber para con la raza y la familia, el amigo y el enemigo, y cierra tu mente así a los placeres como a los dolores. Agota la ley de retribución kármica. Atesora Siddhis (37) para tu nacimiento venidero.

Si no puedes tú ser sol, sé el planeta humilde. Si no te es dable resplandecer como el sol de mediodía sobre el monte nevado de la pureza eterna, entonces, oh neófito, elige una vía más humilde.

Muestra el «Camino», siquiera lo hagas vagamente y confundido entre la multitud; como lo muestra la estrella vespertina a aquellos que siguen su ruta en medio de la oscuridad.

Contempla como Migmar, (38) cubriendo su «Ojo» con su velo carmesí, pasa majestuosamente acariciando la tierra adormecida. Observa el aura ardiente de la «Mano» de Lhagpa (39) extendida en señal de amorosa protección sobre la cabeza de sus ascetas. Ambos son ahora servidores de Nyima, (40) o dejados en su ausencia como centinelas silenciosos durante la noche. Uno y otro fueron, sin embargo, en pasado Kalpas, Nyimas resplandecientes, y podrán en «días» venideros convertirse de nuevo en dos soles. Tales son las caídas y los encumbramientos de la ley kármica en la naturaleza.

Sé como ellos, lanú. Da luz y refrigerio al agobiado peregrino, y busca a aquel que sabe todavía menos que tú; aquel que sumido en desolación cruel, detiénese hambriento dcl pan de Sabiduría y del pan que alimenta a la sombra, sin Maestro, sin esperanza ni suelo, y hazle oír la ley.

Dile, candidato, que aquel que hace del orgullo y del amor propio unos esclavos de la devoción; que aquel que, aferrándose a la existencia, ofrece, no obstante, su conformidad y sumisión a la ley, como una fragante flor depositada a los pies de Shakya- Thubpa, (41) llega a ser un Srôtâpatti (42) en la presente encarnación. Los Siddhis de perfección pueden columbrarse a lo lejos muy lejos; pero se ha dado el primer paso, él ha entrado ya en la corriente, y puede adquirir la vista del águila de las montañas y el oído de la tímida corza.

Dile, oh aspirante, que la verdadera devoción puede devolverle el conocimiento, aquel conocimiento que fue suyo de :remotas encarnaciones. La vista del Deva y el oído del Deva no se logran en una breve existencia.

Sé humilde, si quieres alcanzar la Sabiduría.

Sé más humilde aún, cuando de la Sabiduría seas dueño.

Sé a manera del océano, que recibe todos los ríos y torrentes. La poderosa calma del mar permanece inalterable, sin sentirlos.

Refrena tu yo inferior mediante tu Yo divino.

Refrena lo Divino por medio de lo Eterno.

Grande, en verdad, es aquel que aniquila el deseo.

Más grande aún es aquel en quien el Yo divino ha destruido hasta la noción del deseo.

Vigila lo Inferior, no sea que mancille lo Superior.

El camino de la Liberación final está dentro de tu YO.

Aquel camino empieza y termina más allá del YO. (43)

Menospreciada de los hombres y humilde, a los ojos altaneros del Tirthika,(44) es la madre de todos los ríos; vacía la humana forma, a los ojos de los necios, aunque llena de las dulces aguas del Amrita. Con todo, el origen de los ríos sagrados es la región sagrada, (45) y aquel que posee la Sabiduría, es honrado por todos los hombres.

Los Arhans y los Sabios de visión sin límites (46) son tan raros como la flor del árbol Udumbara. Nacen los Arhans a la hora de medianoche, al mismo tiempo que la sagrada planta de nueve y siete tallos, (47) la flor santa que se abre y despliega en las tinieblas surgiendo del límpido rocío y del lecho helado de las nevadas cumbres, no holladas por ningún pie pecador.

Ningún Arhán, oh lanú, llega a serlo en aquella encarnación en que, por vez primera, empieza el Alma a suspirar por la Liberación final. Sin embargo, oh tú de corazón al1sioso, a ningún guerrero que voluntariamente se ofrezca a pelear en la fiera lucha entre los vivos y los muertos,(48) a ningún recluta se le puede negar el derecho de entrar en el sendero que conduce al campo de batalla.

Porque, o vencerá, o sucumbirá.

Si vence, el Nirvana será suyo. Antes que arroje la sombra de su envoltura mortal, aquella causa preñada de angustias y de dolor sin límites, venerarán los hombres en él un grande y santo Buddha.

Y si sucumbe, entonces tampoco sucumbe en vano; los enemigos a quienes mató en el combate postrero, no volverán a la vida en su próximo nacimiento.

Pero si quieres obtener el Nirvana, o desechar el premio,(49) no sea tu incentivo el fruto de la acción y de la inacción, oh tú de corazón intrépido.

Sabe que al Bodhisattva que trueca la Liberación por la Renuncia, con el objeto de asumir las miserias de la «Vida Secreta», (50) se le califica de «tres veces Honrado»; oh tú, candidato al sufrimiento por espacio de los ciclos.

El SENDERO es uno, discípulo; no obstante, a su término se divide en dos. Marcadas están sus etapas por cuatro y siete Portales. En uno de los extremos hay la bienaventuranza inmediata; en el otro, la bien­aventuranza diferida. Una y otra son la recompensa del mérito; la elección está en tu mano.

El Sendero Uno se convierte en dos; el Patente y el Secreto. (51)  El primero conduce a la meta; el segundo al sacrificio de sí mismo.

Cuando a lo Permanente es sacrificado la Mutable, tuyo es el premio; la gota vuelve al punto de donde procedió. El SENDERO patente conduce al cambio sin cambios, al Nirvana, al estado glorioso de lo Absoluto, a la felicidad jnconcebible para el humano entendimiento.

Así, pues, el primer Sendero es la LIBERACIÓN.

Pero el Segundo Sendero es la RENUNCIACIÓN, y por esto se le llama «Sendero de Dolor».

El Sendero secreto conduce al Arhán a sufrimientos mentales indecibles; sufrimientos por los Muertos vivientes, (52) y compasión impotente por los hombres que gimen en la kármica amargura; los Sabios no se atreven a suavizar el fruto del Karma.

 

Porque, escrito está: «Enseña a evitar todas las causas; a la ondulación del efecto, lo mismo que a la grande oleada del aguaje, las dejarás seguir su curso».

El «Sendero patente», no bien hayas llegado a su meta, te conducirá a desechar el cuerpo Boddisáttvico, y te hará entrar en el estado tres veces glorioso de Dharmakâya, (53) que es el olvido del mundo y de los hombres para siempre.

El «Sendero secreto» conduce igualmente a la felicidad Paranirvánica, pero al fin de Kalpas sin cuento; de Nirvânas ganados y perdidos por piedad y compasión inmensa por el mundo de mortales engañados.

Pero se ha dicho: «El último será el más grande»: Samyak Sambuddha, el Maestro de Perfección, abandonó su Yo para la salvación del Mundo, deteniéndose en los umbrales del Nirvana, el estado puro.

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Ahora posees ya el conocimiento acerca de los senderos. Día vendrá para tu elección, oh tú de alma ansiosa, cuando hayas llegado al fin y pasado los siete Portales. Tu mente está iluminada. Ya no te hallas perdido en el intrincado laberinto de pensamientos ilusorios, porque tú lo has aprendido todo. Ante ti está la Verdad sin velo, fijando en tu faz sus ojos severos.

Ella dice:

«Dulces son los frutos del Reposo y de la Liberación para el provecho del Yo; pero más dulces aún son los frutos de un duradero y amargo deber. Sí, la Renunciación en beneficio de los demás, de tus semejantes que sufren».

Aquel que se convierte en Pratyêka-Buddha (54) presta obediencia sólo a su Yo. El Bodhisattva que ha ga­nado la batalla, que en su mano tiene el premio de la victoria y sin embargo, dice en su compasión divina:
«En provecho de otros cedo este gran premio»; efectúa la mayor Renunciación.

ES UN SALVADOR DEL MUNDO.

¡Mira! La meta de la beatitud y el largo Sendero de Amargura están en el último extremo. ¡Puedes elegir la una o el otro, oh aspirante al Dolor, durante los ciclos venideros!…

OM VAJRAPANI HUM

 La Voz del Silencio: Los Dos Senderos – Helena Blavatsky

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