Sexualidad: entre el vicio y la virtud

Jorge Ariel
Jorge Ariel

La sexualidad expresa esencialmente la dualidad y división de la unidad en dos aspectos o mitades, denominadas como espíritu y materia, masculino y femenino, positivo y negativo; que corresponden a una etapa en la escala evolutiva hacia la unificación final: el andrógino divino.

El sexo es uno de los impulsos primitivos fundamentales, uno de los instintos sustanciales y, por lo tanto, el factor dominante de la parte animal de la naturaleza humana, y también en la excesiva intimidad del tema, intimidad transmutada en un secreto indecente durante los períodos en que la raza sufría un excesivo puritanismo y prostituyó una función natural y la convirtió en un misterio lascivo. Esta intimidad relacionada con la sexualidad fue la causa de que se la considerara como algo que no debía mencionarse y un tópico que las personas decentes no debían tratar, en vez de ser un proceso tan instintivo y natural como beber y comer. Sin embargo, esta función no ha sido llevada al ritmo de la vida diaria ni considerada como algo que debe seguirse y satisfacerse cuando surge la necesidad y la demanda razonable.

Detrás de los resultados de los conceptos erróneos, largo tiempo sostenidos sobre la función sexual, residen dos males principales, o más bien dos efectos producidos por la acción mental y física del hombre, que son de gran significación. Ante todo, tenemos el desarrollo en su conciencia, de los complejos, sicosis, desarreglos e inhibiciones sicológicas que han socavado tan seriamente la salud y la tranquilidad de centenares y miles de personas. También está amenazada la vida misma de la humanidad, personificada en la sociedad y la vida familiar.

Por un lado, tenemos la promiscuidad y la excesiva relación sexual, que da por resultado (como siempre lo ha hecho) una excesiva población y superproducción de seres humanos; por otro lado, una forzada esterilidad que -aunque sea el menos de los males- con el tiempo es peligroso. La esterilidad aumenta con rapidez y lleva finalmente a condiciones físicas indeseables. Sin embargo, en esta época, es el menor de los dos males.

Del primero de estos males y como resultado de la superproducción, hemos provocado una situación económica tan drástica y seria que amenaza la paz y la estabilidad misma del mundo; debido al segundo, tendremos la desaparición gradual de la humanidad, si la obligatoriedad de la esterilidad llegara a ser una práctica universal. Esto conduciría al consiguiente dominio del reino animal, a un enorme aumento de la vida animal y a un período de retroceso, no de progreso.

La solución de la problemática sexual liberará las mentes de los hombres de la inhibición y de la indebida preocupación, produciendo así esa liberación mental que aceptará la afluencia de nuevas ideas y conceptos. Descubriremos que la virtud y el vicio no tienen nada que ver con la capacidad o incapacidad de obedecer las leyes dictadas por gobernantes, sino con la actitud del hombre hacia sí mismo y sus relaciones sociales para con Dios y sus semejantes. Trataremos de obtener una solución y unos objetivos que, aunque se hallan en los niveles abstractos de la mente y en el mundo de las ideas, los auténticos maestros sabrán llevarlos a unas estrategias de enseñanza con sus respectivas metas de aprendizaje.

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El enclave vicioso: conciencia animal

“Llave de David de abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio.

Sácanos oh niño con tu blanda mano de la cárcel triste que labró el pecado”.

Novena de aguinaldos

El sexo tiene lugar cuando los pares de opuestos se unen, y por ese medio unifican y producen una tercera realidad, realidad o resultado que atestigua su relación, entonces otra vida aparece en la forma. Tenemos siempre relación, unificación y nacimiento. Tres palabras que contienen la verdadera significación del sexo. Los humanos han pervertido la verdad y se ha perdido su verdadera significación.

En la actualidad sexo significa satisfacer el deseo masculino por el placer sensual y mitigar el apetito físico mediante la perversión del aspecto femenino de ese deseo y apetito. Dicha relación no da los resultados esperados, sino que conduce a un momentáneo segundo de satisfacción, y todo ello está confinado a la naturaleza animal y al plano físico.

Cuando el ser humano era puramente animal, esto no implicaba pecado, pero cuando se le agregó el deseo emocional, infiltrándose el pecado, el propósito por el cual se manifestó el impulso fue pervertido en la satisfacción del deseo.  El ser humano es arrastrado por el deseo y el dinero, manifestaciones de la acción inteligente, es torturado por el temor, propia del ritmo amoroso, y es arrastrado por el egoísmo y la ambición, cualidades de una voluntad de poder.

Sólo por el hecho de haber nacido, hemos heredado algunos recuerdos y temores ancestrales. Los instintos, como reacciones del temor, son un potente estímulo para la naturaleza humana. El instinto sexual se ha desarrollado y encuentra su consumación lógica en la relación entre el alma y el cuerpo. Esto constituye la nota clave del misticismo y de la religión que son la expresión de la ley de Atracción. Las Sombras en nuestro ADN son frecuencias basadas en el miedo.

INSTINTOS
Autoconservación.
Autoperpetuación.
Autoimposición.
Rebaño.
Búsqueda.
SUBLIMACIÓN
Inmortalidad.
Unificación.
Afirmación del Yo.
Conciencia grupal.
Intuición.
Comparación entre lo instintivo y lo divino

Tanto virtud como vicio son palabras que significan simplemente perfección e imperfección, conformidad con la divina norma de la hermandad o el fracaso de alcanzar tal norma. Las normas son muy variables y cambian de acuerdo a cómo progresa el hombre hacia la divinidad. Varían de acuerdo al destino del hombre al ser afectado por su época y según la etapa de desarrollo evolutivo y tiempo, naturaleza y medio ambiente. La norma para llegar a la meta no es la misma de hace mil años ni la que será dentro de mil. El vicio se origina cuando nos sentimos divididos, separados.

La Ley de Atracción soporta la ciencia del sufrimiento humano, mostrándonos la necesidad de abrazar una de las seis heridas humanas esenciales. La represión es la herida primaria de la humanidad, ya que se refiere justo al almacenaje del karma en el ADN físico. Las otras cinco heridas son: la negación, la vergüenza, el rechazo, la culpa y el aislamiento.

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Las claves genéticas: autoconciencia.

Tu todo lo llenas tu que vienes y pasas como un huracán,

Tu silente y sutil entre cada átomo, entre cada célula vives tu.

Noelia

Características físicas, muchos desórdenes y algunos aspectos del comportamiento son, al menos en parte, determinados por los genes transmitidos de padres a hijos. En la fecundación, cada uno de los 23 cromosomas del óvulo y los 23 del espermatozoide forman pares. La mayoría de los trastornos relacionados con el género se deben a genes recesivos en el cromosoma X.

Las claves genéticas ofrecen la oportunidad de enfrentar y erradicar cada uno de los temores específicos que se interponen en el camino hacia la libertad, la cual empieza con la imaginación.

La sexualidad tiene su arquetipo simbólico más hondo en las figuras de la serpiente y el dragón, una energía que representa la presión evolutiva de autotransformación, lo que se refleja en el cambio de piel de la serpiente. Aunque la serpiente está enrollada en el centro coxígeo, ella sufre dos transformaciones: la serpiente del conocimiento es transformada en la serpiente de la sabiduría, luego la sabiduría es trasladada y se convierte en el “dragón de luz viviente”.

Tanto el centro esplénico, como el centro sacro y el centro coxígeo forman un triángulo de fuerza relacionado con la materia, reflejo de un triángulo superior relacionado con el espíritu y compuesto por los centros laríngeo, ajna y coronario. En la relación de estos triángulos reside la clave del instinto de autopreservación y el principio de la inmortalidad. El sistema nervioso simpático está íntimamente relacionado con el cuerpo emocional, el contacto se produce por intermedio del plexo solar, así como la vitalidad que fluye por la corriente sanguínea, efectúa su contacto mediante el corazón. Podemos comparar así los centros de vida con los centros de conciencia.

LA VIDA
Celular: centro cardiaco.
Energética: centro esplénico.
Sensoria: centro solar.
Mental: centro ajna.
LA CONCIENCIA
Autoconciencia: centro coronario.
Autoexpresión: centro laríngeo.
Autoperpetuación: centro sacro.
Autoafirmación: centro coxígeo.
Comparación entre vida y conciencia

Los roles del centro sacro son genéticos y representan un imperativo de perpetuación a la hora de seleccionar una pareja para el apareamiento. Es el modo en que los genes se aseguran de que van a hacer más, de que van a ser capaces de generar más genes sin que haya interrupción; no importa que al Ser no le vaya bien, el imperativo genético está ahí y trabaja constantemente. Y en cada una de las 6 opciones de la clave 59 podemos ver que tenemos seis roles sexuales básicos y que todos operamos sexualmente a través de alguno de ellos. En ese sentido, es como la identidad de la sexualidad.

Los roles del centro esplénico son energéticos y representan un imperativo preservación. Sintetizan toda la consciencia instintiva de supervivencia que ha estado con nosotros desde que empezamos nuestro proceso de individuación dentro de nuestra especie. Los roles que los genes establecen a través de la clave 27 son los roles que, como humanos, tenemos al cuidar, al custodiar a otros y al ser custodiados por otros, para atraer del otro lado (puerta 50) la custodia apropiada, las normas adecuadas.

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El cónclave virtuoso: conciencia social.

“Tu mordiste la manzana y renunciaste al paraíso

 y condenaste a una serpiente siendo tú el que así lo quiso”.

Shakira.

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Sexo es la palabra que utilizamos para describir la relación existente entre esa energía que llamamos vida y el conjunto de unidades de fuerza, mediante las cuales esa energía se expresa y construye una forma. El ser humano es la expresión de energías, energías que impulsan al hombre físico a la actividad mediante ciertos centros de fuerza del cuerpo etérico, los cuales pueden clasificarse en cuatro centros abajo del diafragma y cuatro arriba.

Abajo del diafragma.            
El centro coxígeo.    
El centro sacro.          
El centro plexo esplénico.            
El centro plexo solar.
Arriba del diafragma.
El centro cardíaco.
El centro laríngeo.
El centro entrecejo.
El centro coronario.
Comparación entre los centros de abajo y los de arriba

La mayoría de las personas viven abajo del diafragma y dirigen sus energías externamente hacia el mundo material, pervirtiéndolas para fines materialistas. En los siglos venideros esto se corregirá; las energías serán trasmutadas y purificadas y los hombres empezarán a vivir arriba del diafragma. Entonces expresarán los poderes del corazón amoroso, de la garganta creadora y del cerebro dirigido por la razón y la voluntad divinas.

En el centro cardíaco encontramos los roles individuales y colectivos, los individuales están dados por las claves genéticas 1 y 10 y los colectivos por las claves 7 y 13. Aunque el estilo de liderazgo se encuentra en la garganta, los líderes tienen una fuerte activación de la séptima clave genética: el don de guía u orientación. La virtud emerge de la expresión que hace el ser humano del espíritu de colaboración hacia sus hermanos, en forma altruista, comprensiva y con total olvido de sí mismo. También en el centro laríngeo es donde se encuentran los dones de revelación y conciencia plena que son activados con los dones de la empatía y el discernimiento de la clave 13.

El centro del entrecejo mezcla y fusiona los cinco tipos de energía que le son trasmitidas a él y fusionadas en él, la energía de los tres centros que están abajo del diafragma y la de los centros laríngeo y cardíaco.  El centro coronario, entra en actividad por medio de la meditación, el servicio y la aspiración, y a través de él el alma hace contacto con la personalidad. Dicho centro es el símbolo del espíritu o aspecto positivo masculino, así como el centro entre las cejas es el símbolo de la materia, del aspecto negativo femenino. Vinculado a estos vórtices de fuerza tenemos dos órganos físicos: las glándulas pituitaria y pineal. La primera es negativa y la segunda positiva. Estos dos órganos son las correspondencias superiores de los órganos masculino y femenino de la reproducción física. Tenemos así que en el cerebro de todo ser humano se representa el drama mediante el cual el ser puramente humano se fusiona con la divinidad, el gran drama final de la unión mística entre Dios y el hombre, entre el alma y la personalidad.  Según la filosofía oriental existen en la cabeza del hombre dos grandes centros de energía: el entrecejo y el coronario.

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A medida que la conciencia va siendo más poderosa en la vida emocional y mental de la persona, penetra con mayor poder en el centro del cerebro y el ser humano va purificando su personalidad para ponerla al servicio de la voluntad espiritual, elevando automáticamente las energías de los centros inferiores y superiores en el entrecejo hasta que los campos eléctrico y magnético hacen contacto entre sí y aparece instantáneamente la luz. Padre-espíritu y madre-materia se unen y unifican, y el Cristo nace y desde ese momento la visión adquiere creciente poder.

Tenemos así que el drama del sexo se repite tres veces en la vida de toda personalidad:

  • La relación de las polaridades, hombre-mujer, en la procreación de la especie: sexualidad.
  • La unión de las energías superiores con las inferiores da por resultado la creatividad.
  • La unión de los campos eléctrico y magnético, alma-personalidad, para la identidad.

Tenemos los procesos espirituales propios del alma:

  • Transmutación: las energías que ascienden de abajo hacia arriba a través del centro sacro.
  • Transformación: las energías que descienden de arriba hacia abajo a través del centro laríngeo.
  • Transfiguración: las energías de los centros coxígeo y coronario centradas en el entrecejo.
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4 comentarios

  1. Mantén tu línea neutra entre el Yin y el Yang que simboliza de forma muy intuitiva el movimiento rítmico de toda la vida. El yin representa una cara de la totalidad, la femenina, extensiva, intuitiva, pasiva e inconsciente; el yang la masculina, concentradora, intelectual, activa y consciente.

    1. Aprender se sabe y a saber se aprende. Si tenemos lo que no se aprende, estudiemos todo lo demás…

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