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Cuentos budistas. El Problema

Buda, en su inmensa sabiduría, era consciente de que para explicar las complejas vicisitudes de la vida era preferible una fábula que una larga y difícil explicación. Por eso creó una serie de interesantes cuentos budistas como, por ejemplo, este que hoy os contamos: El Problema.

Cuentos budistas, una forma de traspasar sabiduría

Desde entonces, los grandes maestros que han continuado predicando las magníficas enseñanzas budistas a sus discípulos han usado estos cuentos budistas para que puedan comprender y a su vez transmitir las complejas lecciones de vida y los complicados mensajes que ayudan a aplicarlas.

Eso sí, siempre al igual que Buda, han procedido a contar las fábulas sin prestar una explicación al respecto, para que cada persona que las escuche obtenga sus propias conclusiones y enseñanzas. Por este motivo, en una ocasión que estaban reunidos un grupo de discípulos con su maestro, le preguntaron el motivo por el cual les contaba numerosos cuentos que después nunca explicaba. La respuesta del maestro no dejó lugar a dudas, les contestó a su vez con la siguiente pregunta: “¿Os gustaría que os diese una fruta ya masticada?”

Esta es la mejor parte de los cuentos budistas. El que cada persona a la que le es transmitido pueda obtener la enseñanza que le sea más útil en cada momento de su vida, e incluso pueda extraer varias a lo largo de toda su vida, puesto que cuando maduramos y evolucionamos, nuestra perspectiva cambia, al igual que las diferentes situaciones en las que nos encontramos.

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Otra ventaja de las fábulas es que no suponen una enseñanza directa que se pueda malinterpretar como un ataque a la persona que la recibe o que le genere frustración porque no la entienda o no la sepa aplicar. La mente no siempre está abierta a aprenderlo todo, en ocasiones no estamos preparados para la complejidad y usamos mecanismos de defensa frente a aquello que no entendemos. En cambio, mediante los cuentos logramos vencer esas barreras mentales, ya que son más sencillas de entender, son libres y cada uno saca sus propias conclusiones, ya que no son tan directas.

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Por este motivo Buda dejó una gran selección de ellas. Hoy nos vamos a centrar en una en particular que resulta especialmente iluminadora y supone una gran lección de vida que podemos aplicar en cada momento de ella para ser más felices, cambiar nuestro modo de ver las cosas y liberarnos de ciertos lastres que casi siempre arrastramos por no saber enfocar o comprender las cosas.

Cuentos budistas. El problema. Una fábula que ilumina

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema” dijo-. ¨Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

– “Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: ¨Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Qué enseñanza nos aporta este cuento budista

Como ya hemos comentado anteriormente, lo bueno de estas fábulas es que cada persona es un mundo y está atravesando un momento y una situación determinada, por lo que la enseñanza que obtendrá y que aplicará diferirá de otra persona en otras circunstancias, otra edad, otros valores, etc.

Aunque a grandes rasgos y generalizando, podemos intentar sacar alguna que otra conclusión al respecto que pueda ayudar a quien lo lea.

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Realmente creemos que una de las enseñanzas que Buda pretende dejarnos con este cuento, es que no importa cuál es el problema, siempre los habrá porque la vida es así, lo importante es cómo tratamos nosotros a ese bache en el camino.

A veces sucede como el bello jarrón y la bonita flor. Nos parece tan bello y especial que deseamos cuidarlo y no nos damos cuenta que nos está perjudicando enormemente por mucha belleza y delicadeza que posea. Ya que en el fondo se trata de algo perjudicial, es decir, de un problema.

Superando percances con la filosofía de Buda

Cuando un percance se nos presenta en la vida, este debe ser eliminado de nuestra existencia, porque lo único que nos va a traer son consecuencias negativas. Da igual que se trate de un hombre o una mujer que en apariencia sean estupendos, un amor que creemos que era especial, una amistad que creemos que es magnífica, un bien material que consideramos es maravilloso, o un empleo que pensamos que es único. Si nos está generando malas energías, desasosiego, intranquilidad, tristeza, disminución de la confianza en nosotros mismos, baja autoestima, etc., significa que hay que apartarlo de nuestra vida de raíz porque no nos aporta ningún bien y sí mucho mal, por lo que no conseguiremos avanzar y evolucionar en nuestra vida.

Cuentos budistas. El Problema

Existe un gran número de personas que se encariñan con los problemas o no los ven y se pasan la vida entera arrastrándolos consigo viviendo infelices, insatisfechos e intranquilos, puesto que ocupan un gran espacio en nuestra mente que resulta a todas luces inútil, ya que dicho espacio lo necesitamos parar rellenarlo de vivencias fructíferas que aporten felicidad y buenas experiencias con las que tener una vida plena y satisfactoria.

De hecho, incluso un proverbio Chino de la antigüedad dice lo siguiente: “Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de Té, es necesario primero tirar el té, y entonces podrás servir y beber el vino”.

Esto quiere decir que no debes conservar el problema porque te va a limitar y cohibir tanto en el presente como en el futuro y no te va a permitir evolucionar hasta lograr algo mejor para ti y por tanto para los tuyos.

No debemos contemplar y darle vueltas a los problemas, y sobre todo no debemos victimizarnos y compararnos con los demás para sobresalir al triunfar sobre ellos en desgracias. Esto lo único que hará es que nunca solucionemos nada dado que en puesto de adoptar un rol activo en la vida, lo que hacemos es asumir uno completamente pasivo en el cual nos recreamos en nuestro victimismo y pesares, de tal modo que nunca avanzamos debido a que caemos en una profunda inacción que nos bloquea para siempre.

Debemos tratar de encontrar el perfecto equilibrio entre la reflexión que hacemos del hecho y el paso a la acción, aunque parezca difícil no es imposible. No se trata de hacer oídos sordos y cerrar los ojos a la realidad. El problema existe y está ahí. Por eso hay que encontrarle solución, ponerla en práctica y no darle vueltas de manera indefinida.

Ya sabes, si tienes algún jarrón con flores que suponga un problema en tu vida, quítalo de en medio y avanza hacia tu felicidad. Así hablan los cuentos budistas.

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Sobre Pedro González (Redactor GHB)
3 comentarios
  1. User comments

    Muchas gracias por compartir esto tan importante, ya que la vida esta llena de problemas y las soluciones siempre están, solo hay que buscarlas……mil gracias..!

  2. User comments

    Uno, yo; hubiera querido ser budista: pero nací en Occidente y no resistiría la maravilla que debe ser el Tibet
    De las muchas relaciones a Buddha Siddhârta está la de la flor de Udumbara que a su nacimiento se abrió en todo su esplendor por lo que los reyes nâgas procedieron sin dilación a bautizarle…a pesar de llegar al estado de Samâdhi evito el Nirvana y se quedó como un Buddha de Compasión
    Eso he leido. Gracias.

  3. User comments

    joaquinmiranda3839 @gmail.com Acabó de escribir una lectura sobre  Buddha Siddhârtha diferente de Buda, siendo esté fundamental en la doctrina: dije y repito quisiera haber sido budista: pero eso debe ser por perfección que no tengo Obviamente deseo estar en su contacto: siendo quizás no tan ortodoxo aveces en mis criterios. Gracias.

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