San Francisco de Asís: su vida, el Cántico de las criaturas y el Maestro Kuthumi

San Francisco de Asís, joven y delgado, con hábito marrón de lana, cuerda anudada y tonsura, habla a un grupo de pájaros posados en las ramas y en la hierba de un camino de Umbría al amanecer, con la ciudad de Asís al fondo y dos frailes detrás

San Francisco de Asís en pocas palabras

Francisco de Asís (Asís, 1181 o 1182, 3 de octubre de 1226), llamado por su gente «el pobrecillo de Asís», fue hijo de un rico comerciante de telas que lo dejó todo para vivir el Evangelio sin adornos: pobreza, fraternidad, paz y un amor tan amplio que llegaba al sol, al agua y a los animales. Fundó los franciscanos, junto a la gran familia espiritual que la tradición llama Hermandad Blanca es uno de los corazones más queridos de la historia cristiana, y celebramos su fiesta cada 4 de octubre.

De él proceden el Cántico de las criaturas, uno de los primeros poemas de la lengua italiana, y la oración «Señor, hazme un instrumento de tu paz», que millones de personas repiten cada día. Y para la corriente de los Maestros Ascendidos, su historia no terminó en 1226: esa tradición enseña que Francisco tomó la ascensión y sirve hoy como el Maestro Kuthumi, el Maestro de la Túnica Dorada. En esta guía recorremos su vida tal como la cuentan las fuentes históricas, leemos sus textos y miramos con serenidad esa última identificación.

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¿Quién fue San Francisco de Asís?

Francisco nació en Asís, una pequeña ciudad de Umbría, en el centro de Italia, hacia 1181 o 1182. Su nombre de bautizo era Giovanni, hijo de Pietro di Bernardone, un próspero comerciante de telas que viajaba a las ferias de Francia, y de Pica, una dama provenzal. Cuando el padre regresó de un viaje a Francia le puso el apodo de Francesco, «el francesito», y con ese nombre se le conoció toda la vida.

Murió en Asís el 3 de octubre de 1226, con unos cuarenta y cuatro años, y apenas dos años después, el 16 de julio de 1228, el papa Gregorio IX lo declaró santo. Su iglesia, la Basílica de San Francisco, es hoy uno de los lugares de peregrinación más queridos del mundo, y su fiesta, el 4 de octubre, cierra en muchas iglesias el llamado Tiempo de la Creación. En esa fecha es tradición llevar a los animales a la iglesia para que los bendigan.

Lo esencial cabe en pocas líneas: un joven rico se encontró con los leprosos a los que temía, oyó a Cristo pedirle que reparara su Iglesia, y respondió con una pobreza gozosa que atrajo a miles. De ese fuego salieron los franciscanos, las clarisas de Santa Clara, el belén de Greccio, los estigmas de La Verna y una nueva manera de mirar la creación.

La vida joven: telas, fiestas y guerra

Francisco creció entre paños finos, fiestas y canciones de trovadores, guapo, ingenioso y pródigo. Cuenta una historia antigua que, vendiendo telas para su padre, abandonó el puesto para correr detrás de un mendigo y darle cuanto llevaba en la bolsa; sus amigos se burlaron y su padre lo regañó con ira.

También tenía ambiciones de caballero. En 1202 combatió en la guerra contra Perusa y fue hecho prisionero en la batalla de Collestrada: casi un año de cautiverio que lo puso a pensar. De vuelta en 1203 retomó su vida alegre, pero ya algo no encajaba. En 1205 partió a alistarse al sur de Italia, y en Spoleto una voz en la noche le pidió volver a Asís. Lo hizo, más callado y más pensativo.

A los amigos que le preguntaban si pensaba casarse les respondió que sí, que había encontrado a una novia más noble y más rica que ninguna otra: la Pobreza. Nadie entendió entonces la respuesta. La entendió después.

La conversión: el leproso y la voz de San Damián

Dos encuentros cambiaron su vida. El primero fue con un leproso, figura que antes le resultaba «extremadamente amarga» de solo mirar. Un día, Francisco lo abrazó y le dio un beso; en su Testamento lo recordará como el momento en que el Señor lo condujo entre los leprosos, «y lo que me parecía amargo se me cambió en dulzura de alma y de cuerpo». Desde entonces, el cuidado de los enfermos y de los despreciados fue el corazón de su vida.

Un Francisco joven, de túnica gastada, arrodillado con las manos juntas ante el gran crucifijo pintado de San Damián en una capilla de piedra en ruinas, iluminada por un rayo de luz que entra por el techo deteriorado
Francisco joven escucha la voz del crucifijo en la capilla medio en ruinas de San Damián, hacia 1206.

El segundo encuentro ocurrió hacia 1206, rezando ante el antiguo crucifijo pintado de la capilla abandonada de San Damián, a las afueras de Asís. Allí oyó:

«Francisco, Francisco, ve y repara mi iglesia, que, como ves, está cayendo en ruinas».

La voz del crucifijo de San Damián, en los relatos de su conversión

Francisco tomó la palabra a la letra: vendió telas y caballo de su padre para restaurar aquella capilla, y Pietro, furioso, lo arrastró ante el obispo. En la plaza, delante de todos, Francisco se despojó de sus ropas y proclamó que ya solo tenía un Padre, el de los cielos; el obispo Guido lo cubrió con su manto. Dos años vivió después como penitente mendicante, reconstruyendo con sus manos San Damián y otras capillas, entre ellas la pequeña Porciúncula, que sería su lugar predilecto.

Nace la Orden de los hermanos menores

Una mañana de febrero de 1208, oyendo en la Porciúncula el Evangelio del envío de los discípulos, encontró su camino definitivo: los apóstoles salían sin oro ni plata ni sandalias, y él entendió que a eso estaba llamado. Cambió la albañilería por la predicación sencilla, con una túnica de lana tosca atada con una cuerda, el hábito que sus hermanos llevan todavía.

Pronto tuvo compañeros: en un año eran once, y vivían entre los leprosos de Rivotorto, trabajando y pidiendo limosna sin aceptar dinero. Se llamaron Hermanos Menores, porque su vocación era no querer ser más que nadie. En 1210 Francisco los llevó a Roma; los consejeros de Inocencio III juzgaban su modo de vida poco práctico, pero el papa soñó con un hombre que sostenía la basílica de Letrán, y el 16 de abril de 1210 aprobó verbalmente su regla. La Orden Franciscana estaba fundada.

Francisco nunca fue sacerdote, solo diácono: predicaba más con la vida que con la letra. En pocos años los hermanos pasaron de miles y llegaron a España, Alemania, Hungría y Tierra Santa, y con el crecimiento llegó la prueba: algunos querían suavizar la pobreza radical de los comienzos, y Francisco, firme como quien ha encontrado su novia, defendió hasta el final a su señora Pobreza. La regla definitiva fue aprobada por Honorio III el 29 de noviembre de 1223.

Clara de Asís y la familia franciscana

De noche y a la luz de las velas en la Porciúncula, Francisco coloca un velo sencillo sobre la cabeza de la joven Clara de Asís, arrodillada con túnica tosca, mientras varios frailes sostienen cirios y un vestido de seda plegado queda en un banco
La noche del Domingo de Ramos de 1212: Francisco entrega a Clara el velo en la Porciúncula.

En 1211, la joven noble Clara Scifi escuchó predicar a Francisco en la catedral de San Rufino y supo que aquella era su vía. La noche del Domingo de Ramos del 28 de marzo de 1212 abandonó en secreto el palacio de su familia; Francisco la recibió en la Porciúncula, le cortó el cabello y le dio el hábito, y la instaló primero con las benedictinas y después en San Damián, donde otras mujeres se unieron a ella. Así nació la Orden de las hermanas clarisas, la Segunda Orden franciscana.

Para quienes no podían dejar casa y familia creó la Tercera Orden, los hermanos y hermanas de la Penitencia: personas corrientes que vivían el espíritu franciscano en su vida diaria, y con las que el mensaje de Asís recorrió Europa. Francisco guardó siempre honda confianza en los consejos de Clara; en sus últimos años, enfermo y casi ciego, fue a San Damián a descansar y a componer bajo su techo el gran poema de su vida.

El encuentro con el sultán

Francisco soñaba con llevar el Evangelio a todos los pueblos. Lo intentó hacia Siria en 1212 y en 1214, sin éxito, y envió a sus hermanos de dos en dos al norte de Europa y al sur. En 1219, en plena Quinta Cruzada, se embarcó hacia Egipto y cruzó las líneas del frente para presentarse ante el sultán al-Kamil, sobrino de Saladino. Iba, según sus biógrafos, dispuesto a ser mártir; lo que ocurrió fue distinto y quizá más valioso: el sultán lo recibió con cortesía, lo escuchó durante días y lo dejó partir con vida y con salvoconducto.

Nada convirtió a nadie de manera espectacular, y sin embargo aquel gesto de ir desarmado al otro lado de la guerra marcó un camino: tras la caída de los reinos cruzados, fueron los franciscanos quienes pudieron quedarse en Tierra Santa como custodios de los lugares santos, un servicio que conservan hasta hoy. De vuelta en Italia, Francisco renunció a dirigir su orden crecida: pidió un cardenal protector, trabajó en la regla de 1223 y dedicó sus últimos años a predicar y a cuidar el espíritu de los comienzos.

Greccio: el primer belén

En la noche de Navidad de 1223, vecinos y frailes con antorchas se reúnen en una cueva arbolada de Greccio ante un pesebre con heno entre un buey y un asno, mientras Francisco, con estola blanca sobre el hábito, habla con las manos abiertas
La noche de Navidad de 1223 en Greccio: el pesebre con buey y asno que hizo nacer la tradición de los belenes.

En la Navidad de 1223, Francisco pidió a su amigo Juan, un noble de la aldea de Greccio, en los montes de Rieti, celebrar el nacimiento de Jesús como lo habían celebrado en Belén: con un pesebre de verdad, heno, un buey y un asno. La gente del contorno subió a la cueva con velas y antorchas; Francisco, como diácono, cantó el Evangelio y predicó sobre el Dios que se hizo pequeño por amor.

El pesebre no tenía figuras: era una escena viva, para mirar y tocar. Tomás de Celano cuenta que durante la misa el santo tuvo una visión del niño en el pesebre. Aquella noche sencilla y luminosa se considera el nacimiento de la tradición de los belenes que hoy recorre el mundo entero.

La Verna: los estigmas

Francisco, muy delgado y con el hábito remendado, reza de rodillas con los brazos abiertos en un saliente rocoso de La Verna al alba, ante una luz sutil en forma de alas de fuego; fray León lo observa a lo lejos entre los árboles
El alba del 14 de septiembre de 1224 en el monte La Verna, en Toscana.

En 1213 el conde Orlando de Chiusi había regalado a Francisco la montaña solitaria de La Verna, en Toscana, «eminentemente adecuada para quien desee hacer penitencia en un lugar apartado». Allí subió en agosto de 1224 con sus compañeros León, Angelo, Illuminato, Rufino y Masseo, a ayunar cuarenta días en preparación de la fiesta de san Miguel. Sabía que su vida se apagaba y pidió a Dios dos gracias: sentir en su cuerpo la pasión de Cristo y conocer el amor que en ella se entregó.

El 14 de septiembre de 1224, día de la Exaltación de la Santa Cruz, en la cima y en éxtasis, tuvo la visión de un serafín de seis alas clavado en una cruz, y de aquella visión brotaron en sus manos, en sus pies y en su costado las llagas de Cristo. Su compañero fray León dejó el primer testimonio escrito del suceso, y la Iglesia lo reconoce como la primera estigmatización históricamente documentada. Francisco, que se consideraba indigno, hizo siempre lo posible por ocultar las marcas; por eso se le ve después con las manos metidas en las mangas del hábito.

Los últimos días y la hermana muerte

Vivió con ellas dos años de dolor creciente y ceguera casi total, y aun así conservó su alegría. En el verano de 1225, hospedado en San Damián junto a Clara y sus hermanas, compuso su cántico; en 1226, muy débil, dictó su Testamento; y el 3 de octubre murió desnudo sobre la tierra, como había vivido, junto a la Porciúncula, cantando con sus hermanos el verso añadido a su poema: el de la hermana muerte. Sus restos descansan en la Basílica que Gregorio IX levantó en su honor, redescubierta en 1818.

El día de San Francisco de Asís

Su fiesta se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica, las iglesias luteranas y la comunión anglicana, entre otras. La víspera, el 3 de octubre, las comunidades franciscanas celebran el Tránsito, la memoria de su muerte serena; el propio día, muchas parroquias bendicen a los animales en su honor. El 4 de octubre es fiesta nacional en Italia desde 2025, y es el punto final del Tiempo de la Creación que varias iglesias celebran desde el 1 de septiembre.

El Cántico de las criaturas, texto completo

Francisco, frágil, con un paño suave subido sobre los ojos enfermos, canta con alegría junto a dos frailes en el jardín de San Damián mientras sale el sol; a su alrededor, la luna pálida, una fuente, un brasero encendido, flores, aves, una liebre y un cordero
El sol, la luna, el viento, el agua, el fuego y la tierra: las criaturas que Francisco llamó hermanos y hermanas.

El Cántico de las criaturas, también llamado Cántico del hermano sol o Laudes Creaturarum, es un poema en dialecto umbro que Francisco compuso hacia 1225, enfermo y casi ciego, en la casa de San Damián. Es una de las primeras obras de la literatura italiana, y su título dio nombre siglos después a la encíclica Laudato si’. Aquí lo tienes en castellano:

«Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen,
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el señor hermano Sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad».

Francisco de Asís, Cántico de las criaturas (1225), traducción castellana

Nada en el poema es retórico: sol, luna, viento, agua, fuego y tierra son hermano o hermana porque tienen el mismo Padre que nosotros. Las dos últimas estrofas llegaron después: la del perdón, cuando Francisco obtuvo la paz entre el obispo y las autoridades de Asís cantando este poema entre los ejércitos; y la de la hermana muerte, añadida en su lecho, semanas antes de morir.

«Señor, hazme un instrumento de tu paz»: la oración

Junto al Cántico, el texto más conocido unido a su nombre es la llamada Oración de san Francisco. Conviene decirlo con honestidad: no la escribió Francisco. La investigación del historiador Christian Renoux (2001) mostró que la versión más antigua conocida apareció de forma anónima en diciembre de 1912, en la revista católica parisina La Clochette; atribuida al santo desde los años veinte, se difundió en millones de copias durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué se quedó con su nombre? Porque es una síntesis perfecta de su manera de vivir: no pedir consuelo sino darlo, buscar la paz donde hay discordia. Los franciscanos la rezan hoy con justicia como Oración franciscana por la paz. Este es su texto:

«Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo tu luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna».

Oración franciscana por la paz, versión anónima de 1912

De su pluma sí procede, en cambio, la oración que pronunció ante el crucifijo de San Damián: «¡Oh! alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón, y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta». Son suyos también los escritos breves que la Orden conserva: las reglas, el Testamento y unas pocas cartas, entre ellas la bendición a fray León, escrita de su mano.

Francisco y los animales

Es el santo que se representa con pájaros en la mano, y la imagen viene de lejos. Sus biógrafos cuentan que predicó a un grupo de aves, llamándolas hermanas, y que ninguna se movió hasta que él les dio permiso; las Florecillas, del siglo XIV, añaden el lobo de Gubbio, la fiera que asolaba la ciudad y que Francisco amansó con un pacto: los vecinos la alimentarían y el lobo no atacaría más. El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, recuerda en Los Trabajos de Hércules esa escena: el lobo feroz que Francisco amansó «por el amor que sentía por él, y el sentimiento de unidad con él».

Detrás de las historias hay una enseñanza continua: la creación no es un decorado, es una familia; el mundo que habitamos es hermano, no propiedad. Por eso el 29 de noviembre de 1979 el papa Juan Pablo II lo proclamó santo patrón de la ecología, y por eso católicos, anglicanos y luteranos bendicen a los animales en su fiesta. La actual preocupación por el cuidado de la casa común se reconoce con frecuencia en su herencia.

Cabe añadir que Francisco no fue vegetariano, como a veces se afirma: comía con sencillez lo que la caridad le daba. Su amor por los animales no fue sentimentalismo sino visión: miraba a cada ser como un nombre del mismo Dios que lo había creado.

San Francisco y el Maestro Kuthumi

En una ladera de Umbría al atardecer, Francisco camina por un sendero hacia la figura luminosa y translúcida del Maestro Kuthumi, con turbante y túnicas doradas y la mano abierta en saludo, unidos por un rayo de luz dorada que cruza el cielo
El camino de Umbría y la Túnica Dorada: la tradición de los Maestros Ascendidos une ambas vidas.

Para la corriente de los Maestros Ascendidos, la del trabajo YO SOY, el Puente a la Libertad y The Summit Lighthouse, la historia de Francisco no termina con su muerte: esa enseñanza cuenta que alcanzó la ascensión, la liberación definitiva del ciclo de renacimientos, y que hoy sirve como Maestro Ascendido con el nombre de Kuthumi, también escrito Koot Hoomi o K. H. Su retiro se sitúa en el plano etérico sobre Cachemira, y es el Maestro de la Túnica Dorada, del Segundo Rayo de amor y sabiduría y, junto a Jesús, Instructor del Mundo desde 1956 según esta tradición. Puedes conocerle mejor en nuestra ficha del Maestro Kuthumi.

La lista de vidas que esta corriente atribuye a Kuthumi es larga: Tutmosis III en Egipto, Baltasar entre los Reyes Magos, Pitágoras, el emperador Shah Jahan, que levantó el Taj Mahal, Francisco de Asís y, por último, el Mahatma Koot Hoomi Lal Singh, que en el siglo XIX escribió las famosas Cartas de los Mahatmas. La identificación más antigua es la de Pitágoras, porque la propia teosofía lo decía ya: Annie Besant escribe en su libro Teosofía:

«Pitágoras es ahora el Maestro K. H., muy bien conocido en su vinculación con la Sociedad Teosófica».

Annie Besant, Teosofía

Las demás identidades proceden de la corriente de los Maestros Ascendidos. Conviene decirlo con serenidad: la teosofía clásica de Blavatsky y los libros del Tibetano no mencionan a Francisco como una vida de Kuthumi; para esas fuentes el Mahatma K. H. es el sabio de Cachemira del siglo XIX. Las dos corrientes se miran con respeto sin necesitar coincidir, y ambas coinciden en lo esencial: detrás de los nombres hay un mismo ser de luz que sirve a la evolución humana desde el amor y la sabiduría.

Leído así, el vínculo tiene un sentido hermoso: el alma que en Asís abrazó la pobreza y la fraternidad con toda la creación habría seguido su camino hasta hacerse maestro de la sabiduría que nace del amor. Mark Prophet, cofundador de The Summit Lighthouse, lo resumía mirando al santo: Francisco lo dio todo a Dios y dependió de Dios para todo, y a su vez Dios se entregó plenamente a Francisco.

¿Qué enseña esta identificación?

Más que un dato de archivo, la identificación es una lección sobre el camino: Francisco representa el amor que se hace sencillo y universal, y Kuthumi enseña, en esta tradición, la sabiduría que nace de ese amor. Quien se sienta atraído por el santo de Asís puede reconocer en Kuthumi su continuidad, y quien estudie con Kuthumi puede aprender en Francisco lo que no se aprende en libros: la humildad gozosa y la ternura con todas las criaturas.

Qué nos enseña San Francisco hoy

Ocho siglos después, su figura sigue siendo de las más universales. La tradición franciscana subraya lo mismo que su vida mostró: se puede vivir con muy poco y ser plenamente feliz; el afecto por la creación es fraternidad; la paz se construye acercándose al otro, incluso al enemigo; y la alegría es una forma de profundidad.

  • Simplicidad: distinguir entre lo necesario y lo que solo ocupa el corazón.
  • Fraternidad universal: tratar como hermanos a los humanos y a las demás criaturas.
  • La paz: hacer de uno mismo instrumento, no juez; acercarse primero, comprender antes de corregir.
  • Trabajo y dignidad: servir a los pequeños, vivir del propio trabajo, no acumular.
  • Alegría: la verdadera alegría no depende de que salga bien lo que queremos.

Una práctica sencilla con el espíritu de Asís

No hace falta ser franciscano para caminar un rato con Francisco. Esta práctica breve reúne lo esencial de su enseñanza:

  1. Elige un día sencillo. Nada especial: un paseo, una tarde tranquila, la cocina después de comer. El espíritu de Asís empieza en lo ordinario.
  2. Mira las criaturas. Durante el paseo o desde la ventana, detente ante el sol, el aire, el agua, un árbol o un animal, y nómbralos en tu interior como él: hermano sol, hermana agua, hermano viento. Solo es mirar de verdad, un minuto basta.
  3. Reza su oración. Repite despacio «Señor, hazme un instrumento de tu paz», deteniéndote en el lugar donde más te cueste: la ofensa, la duda o la tristeza de esta semana.
  4. Acerca a alguien. Da un paso hacia la persona a la que evitas o a la que entiendes a medias: un saludo, una llamada, un perdón pequeño. Francisco llamó hermano al lobo; también hay lobos domésticos.
  5. Suelta algo. Elige una cosa material o interior que te pese y dásela, o deséala a quien la necesite. La pobreza de Francisco era confianza, no penuria.
  6. Cierra con gratitud. Antes de dormir, agradece tres criaturas concretas de tu día. El Cántico no es literatura: es un hábito del corazón.

Un aviso del camino

La pobreza y la entrega de Francisco fueron fruto de una vocación adulta y madura, sostenida por su fe y por una comunidad. Vivir con menos y dar más hace bien al alma, pero si atraviesas dificultades económicas o emocionales serias, cuidar tu vida y pedir ayuda es también el camino evangélico. La sencillez se elige con libertad; nunca se impone por necesidad.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue San Francisco de Asís?

Fue un santo italiano nacido en Asís hacia 1181 o 1182 y muerto el 3 de octubre de 1226. Hijo de un rico comerciante de telas, lo dejó todo para vivir el Evangelio en pobreza, fundó la Orden franciscana junto con Clara de Asís, creó el primer belén viviente en Greccio, recibió los estigmas en el monte La Verna en 1224 y compuso el Cántico de las criaturas. Fue canonizado en 1228 y es hoy uno de los santos más queridos del cristianismo.

¿Cuándo es el día de San Francisco de Asís?

Su fiesta se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica, las iglesias luteranas y la anglicana. La víspera, 3 de octubre, las comunidades franciscanas recuerdan su Tránsito, es decir su muerte serena. En su fiesta es costumbre bendecir a los animales, y desde 2025 el 4 de octubre es fiesta nacional en Italia.

¿Francisco escribió la oración «Señor, hazme un instrumento de tu paz»?

No. La investigación del historiador Christian Renoux demostró que la versión más antigua conocida apareció de forma anónima en diciembre de 1912 en la revista católica parisina La Clochette, y que se le atribuyó a Francisco a partir de los años veinte del siglo XX. La oración es una síntesis tan fiel de su espíritu que los franciscanos la rezan como Oración franciscana por la paz, pero no procede de su pluma.

¿Qué es el Cántico de las criaturas y dónde puedo leerlo?

Es el poema que Francisco compuso hacia 1225, enfermo y casi ciego, en San Damián, llamado también Cántico del hermano sol. Es una de las primeras obras de la literatura italiana y en él llama hermanos y hermanas al sol, a la luna, al viento, al agua, al fuego y a la tierra. El texto completo en castellano está en esta misma página, en la sección dedicada al Cántico.

¿Qué son los estigmas de San Francisco?

Son las marcas de las llagas de Cristo que, según la tradición, aparecieron en sus manos, pies y costado el 14 de septiembre de 1224 en el monte La Verna, tras la visión de un serafín crucificado. Su compañero fray León dejó el primer testimonio escrito y la Iglesia la reconoce como la primera estigmatización documentada de la historia. Francisco convivió con esas llagas los dos últimos años de su vida.

¿Por qué San Francisco es el santo de los animales?

Porque veía en cada criatura a un hermano o hermana con el mismo Padre: predicó a las aves, amansó al lobo de Gubbio según las Florecillas y llamó familia al sol, al agua y a la tierra. Por ese motivo el papa Juan Pablo II lo declaró santo patrón de la ecología en 1979, y en su fiesta, el 4 de octubre, muchas comunidades bendicen a los animales. La encíclica Laudato si del papa Francisco toma su nombre de su Cántico.

¿San Francisco de Asís es el Maestro Kuthumi?

Para la corriente de los Maestros Ascendidos, la del trabajo YO SOY, el Puente a la Libertad y The Summit Lighthouse, sí: esa enseñanza sostiene que Francisco alcanzó la ascensión y sirve hoy como el Maestro Ascendido Kuthumi, el Maestro de la Túnica Dorada, junto a otros maestros como El Morya o Saint Germain. La teosofía clásica de Blavatsky y los libros del Maestro Tibetano no hacen esa identificación y no recogen esa lista de vidas. Son dos corrientes distintas que se respetan sin necesidad de coincidir.

¿Cómo puedo seguir la enseñanza de San Francisco hoy?

Con gestos concretos y constantes: mirar la creación como familia y cuidarla, rezar la oración de la paz y ponerle obras, dar un paso de reconciliación con quien te pesa, vivir con menos y dar algo cada semana. En la práctica de esta página encontrarás una secuencia sencilla de seis pasos para incorporar su espíritu a la vida diaria.

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Y el resto de Maestros de la Hermandad: Pablo el Veneciano, Serapis Bey, Hilarión, Saint Germain, Lady Nada, Madre María, Kwan Yin, Sanat Kumara.

Para leer en la Biblioteca

Si el Segundo Rayo te llama, en nuestra Biblioteca tienes el Glosario Teosófico y más libros de teosofía, donde se presenta al Mahatma K. H.; también la guía sobre la Presencia YO SOY y la invocación a los Maestros Ascendidos, dos puertas de la corriente en la que Francisco es hoy el Maestro Kuthumi.

Fuentes de esta guía

La vida de Francisco se reconstruye sobre fuentes antiguas y bien estudiadas; las identificaciones espirituales posteriores se atribuyen siempre a la corriente que las sostiene:

  • Tomás de Celano, Vita Prima y Vita Secunda, biografías oficiales por encargo de Gregorio IX, y san Buenaventura, Legenda Maior (1263).
  • Los escritos de Francisco: Cántico de las criaturas o Laudes Creaturarum (1225), Regla bulada (1223), Testamento (1226), la Oración ante el Crucifijo de San Damián y las cartas.
  • Las Florecillas de san Francisco (Fioretti), recopilación anónima italiana del siglo XIV: el sermón a las aves, el lobo de Gubbio y otros relatos.
  • La oración «Señor, hazme un instrumento de tu paz»: primera versión conocida en La Clochette, París, diciembre de 1912; Christian Renoux, La prière pour la paix attribuée à saint François, une énigme à résoudre (2001).
  • Annie Besant, Teosofía: «Pitágoras es ahora el Maestro K. H., muy bien conocido en su vinculación con la Sociedad Teosófica».
  • The Summit Lighthouse, «Saint Francis of Assisi, Lifetime of Master Kuthumi» (summitlighthouse.org): la ascensión de Francisco como Kuthumi, y la reflexión de Mark Prophet en The Answer You Are Looking for Is Inside of You.
  • Cronología, canonización, festividad y patronazgo ecológico conforme al consenso historiográfico actual sobre las fuentes franciscanas.

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