El valor de la confianza: Nuestro divino Tesoro

Pilar Vazquez
Pilar Vazquez

 

Es difícil o más bien no tenemos el hábito de preguntarnos ¿cuánto vale la confianza?. Recuerdo a uno de mis maestros que mencionó en un seminario que la confianza vale tanto, que una vez que la otorgas es para no retirarla más, a pesar de lo que esto implique para bien o para mal.

seriedad y compromiso

Lo anterior nos invita a reflexionar en que la confianza no es algo que debemos dar sin seriedad y compromiso, es algo que debemos analizar, darle tiempo, observar, reflexionar y dejarla crecer en la diligencia y congruencia.

Cuando no somos atentos en la administración de nuestra confianza nos enfrentamos a la muy frecuente y clásica pregunta ¿porqué le di mi confianza y me traicionó?. El otro no tiene la culpa de tal traición,  ¿porque culpamos a la mala intención y seriedad del otro?. En realidad el problema es que no nos preguntamos a su debido tiempo si esa persona valoraba nuestra confianza.

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Lo anterior no significa que nos debemos volver paranoicos y desconfiar de todos, como todo en la confianza hay niveles, existen situaciones triviales y de sana convivencia que requieren de nuestra confianza básica por así decirlo, existen situaciones intermedias en el que el nivel de confianza requiere ya de una evaluación de la diligencia y discrecionalidad del otro, existe el nivel último en el que la confianza es algo así como a prueba de bala, sucede por ejemplo en nuestros mentores espirituales, cuando comprobamos la integridad de nuestros maestros, su compromiso en nuestro crecimiento, su congruencia entre lo que enseñan y como lo viven. Este nivel lleva años así que seamos pacientes y demos tiempo al análisis y crecimiento de la solidez de la confianza.

observar a las personas y sus acciones

Si pensamos que una vez que le damos nuestra confianza a otro es para ya no retirarla, nos obliga a pensar una y otra vez en la persona y sus acciones, la razón última y de peso para otorgarla.

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A todos nos pasa o nos ha pasado por al menos una vez que nos sentimos traicionados, y culpamos al otro una y otra vez, recuerden que nuestro interior, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros proyectos son un tesoro y el compartirlos requiere de que la otra persona  pueda entender la razón de lo que nos es valioso, que pueda corregirnos o felicitarnos con una genuina intención enfocada a nuestro crecimiento y bienestar.

diligencia para conservarla

Una vez que valoran nuestra confianza debemos ser diligentes para conservarla, respetarla y valorarla, en ocasiones nosotros la otorgamos y la destruimos, no siempre es resultado de la traición de otro, así que debemos estar atentos en todo momento en lo que pensamos, hacemos y decimos y a quien se lo compartimos.

El resultado de la sabia administración de nuestra confianza es verdaderamente sanador, normalmente son una o dos personas en las que logramos confiar plenamente, pero una vez que confías y después de un largo plazo de entendimiento e introspección experimentas también de compañías confiables, constructivas y edificantes.

Como todo necesitamos tener atención plena a nuestro comportamiento y el del otro, a nivel de conocimiento y no de juicio, a ser pacientes y cuidadosos, y a no concebir a nuestro interior, experiencias, recuerdos y vivencias como algo descuidado y sin valor. El mejor regalo que podemos dar a alguien que apreciamos y admiramos por su congruencia y su proceder es nuestra confianza e incondicionalidad.

Así que no reduzcamos el valor de nuestra confianza a algo barato y sin importancia, tomémoslo como algo lleno de compromiso, valioso porque tiene que ver con nuestro interior y tómense el tiempo que requieran para otorgarla en su nivel último, de manera que la persona en la que la depositen sea como un baúl que cuida y protege parte importante de nosotros.

tranquilidad y paz

Evitemos el desencanto y apliquemos la sabiduría para ofrecer nuestra confianza, el resultado debe ser muy contrario a la incertidumbre de ser traicionados o decepcionados, el resultado es tranquilidad y paz.

AUTOR: Pilar Vázquez, colaborador de la gran familia de la Hermandad Blanca

 

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