El paradigma de la vida. Cómo interpretamos la realidad

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De acuerdo con la Real Academia Española, un paradigma es una «teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento«. 

Paradigma​ es una palabra compuesta por dos términos de origen griego: para, que quiere decir «junto», digma, que significa patrón, modelo o ejemplo. En las ciencias sociales, se utiliza la palabra paradigma asociada al concepto de cosmovisión: «El concepto se emplea para mencionar a todas aquellas experiencias, creencias, vivencias y valores que repercuten y condicionan el modo en que una persona ve la realidad y actúa en función de ello. Esto quiere decir que un paradigma es también la forma en que se entiende el mundo«. O, dicho en otras palabras, un paradigma viene a representar los lentes a través de los cuales vemos la vida. 

Y esa es la acepción a la cual me voy a referir en este artículo. Un paradigma es una manera de interpretar la realidad que se nutre, según su definición en las ciencias sociales, de experiencias, creencias, vivencias y valores. Pero esas entradas pueden ser simplificadas hasta llegar a sólo dos: creencias y entendimiento. Toda experiencia y toda vivencia termina en una creencia o en un entendimiento. Cuando algo se entiende, se convierte en un saber. Todo lo que no se ha entendido aún, entonces queda guardado como una creencia. Y, con respecto a los valores, nacen de aquello que es importante para nosotros, ya sea esto una creencia o un entendimiento. Por tanto, concluyo que creamos nuestros paradigmas básicamente en función de nuestras creencias y de nuestro entendimiento.

La dualidad del Ser Humano

Ahora bien, es un entendimiento general que los seres humanos vivimos en la dualidad. Luz y oscuridad. Entendimiento e ignorancia. Amor y miedo. Espiritualidad y materialismo. Nuestras vidas se desenvuelven siempre entre dos polaridades claramente identificables sobre las cuales se fundamenta la interpretación que hacemos de la realidad.

La dualidad es la base de un paradigma, pero no es su causa. Podríamos decir que es el sabor que le ponemos a la interpretación que hacemos de la realidad. Pero no es una causa por sí misma. Es más bien un efecto producido por la desconexión del ser humano con su esencia divina, a la que me referiré de aquí en adelante como la fuente. Entonces, tenemos que un ser humano puede estar conectado con la fuente, puede estar desconectado de ella, o puede estar parcialmente conectado. Conexión y desconexión vienen a ser los extremos o polaridades. 

En uno de esos extremos o polaridades estamos nosotros completamente conectados con la fuente. En ese extremo nosotros nos vemos como un colectivo, todos interconectados a todo cuanto existe a través del vínculo que tenemos con la fuente. Aquí entendemos quienes somos y reconocemos nuestras capacidades y potencialidades, las cuales están a nuestra disposición para usarlas en la creación de nuestra realidad. Cuanto más cerca estamos de esta polaridad, más atención prestamos a lo que ocurre adentro de nosotros, a nuestro mundo interior, y más nos identificamos con nuestro Ser, quien toma cada vez más control de nuestra experiencia de vida. Cuanto más nos acercamos a este extremo, más causas en nuestra realidad nacen en nuestro interior. En la polaridad de conexión con la fuente, lo que ocurre en el mundo físico son efectos de causas que se originan en nuestro mundo interior. Para simplificar, de aquí en adelante a esta polaridad la llamaré entendimiento

En el otro extremo o polaridad nosotros estamos completamente desconectados de la fuente. Somos individuos aislados, desconectados de nuestra esencia divina, que no sabemos nada acerca de nosotros mismos ni del mundo en el que estamos. No sabemos quiénes somos, ni cuáles son nuestras capacidades y potencialidades, lo que nos hace sentir indefensos y potenciales víctimas de las circunstancias. Cuanto más cerca de esta polaridad estamos, más sumergidos en el miedo vivimos. La desconexión con la fuente nos hace completamente dependientes de los cinco sentidos y del mundo exterior. Por eso, cuanto más cerca de esta polaridad estamos, más apegados a lo material somos, porque lo material es lo único que podemos percibir, lo que hace que en este extremo consideremos al cuerpo  físico como todo lo que somos y a la supervivencia como nuestra razón de existir. En la polaridad de desconexión con la fuente, lo que ocurre en el mundo físico son causas que mueven y condicionan nuestra realidad. Para simplificar, a esta polaridad la llamaré ignorancia

Entre cada una de estas dos polaridades existen varias maneras de interpretar la realidad, dependiendo de cuán cerca estemos de un extremo o del otro. Es así como los seres humanos desarrollamos de forma colectiva y a nivel individual un paradigma de la vida. Una manera personal y grupal de ver la vida y de interpretar la realidad, que es la manifestación del efecto cuya causa es nuestro grado de desconexión con la fuente.

Niveles de consciencia: Paradigmas a través de los cuales interpretamos la vida

¿Cuán conectados o desconectados estamos de la fuente? Es difícil establecer esto de primera mano, aunque hay algunas señales que nos pueden dar una buena idea de en dónde nos encontramos. Pero, antes de seguir con esta idea, creo importante señalar que, como colectivo, es obvio que la humanidad se encuentra más cerca de la polaridad de la ignorancia que de la del entendimiento. Y para hacer esta afirmación me baso en nuestra realidad. Basta con ver todo lo que ocurre alrededor del planeta para concluir que estamos más cerca de la ignorancia…

Pero cerca o lejos de una polaridad son referencias muy ambiguas que nos dicen poco de dónde podríamos estar realmente ubicados, así que para explicar esto voy a utilizar una referencia de algo que leí en alguna oportunidad y con lo que de inmediato sintonicé, que es una clasificación de niveles de consciencia que hace una dama de nombre J. Z. Knight, quien canaliza a una entidad que se hace llamar Ramtha.

Ellos hablan de siete niveles de consciencia, de los cuales, los primeros cinco se experimentan a nivel planetario. Esos cinco niveles de consciencia vendrían a ser cinco paradigmas diferentes o cinco formas distintas de interpretar la realidad en base al nivel de conexión/desconexión de cada persona. 

En cada nivel de consciencia el ser humano tiene una manera diferente de interpretar la vida, lo que depende de en dónde está puesta su atención. Por supuesto, no estoy diciendo que existan sólo 5 o 7 niveles de consciencia, ni que esos sean los únicos o los correctos. Solo me parece que son una buena referencia para dar a entender el tema del paradigma de la vida. 

Ahora bien, no estamos anclados de forma estática a un paradigma. Nuestra existencia está marcada siempre por el movimiento, por la evolución. Entonces, existe un movimiento que hacemos desde un extremo al otro, de una polaridad a otra, y que parte desde la ignorancia en dirección al entendimiento, en lo que llamamos evolución espiritual o despertar de consciencia, siendo la consciencia el entendimiento alcanzado a través de la experiencia, y que manifestamos en el plano físico.

Mientras más entendimiento acumulemos, mayor será la distancia recorrida, lo que nos permitirá acceder a un nivel de consciencia más alto. Y al hacerlo, esto implicará un cambio en el paradigma de la vida. Así que, cuando pasamos de un nivel de consciencia al siguiente, cambiamos la manera en la que interpretamos la realidad. La ampliamos. Nos colocamos un par de lentes nuevos a través de los cuales vemos la vida de forma más amplia.

Entonces, la referencia que voy a usar establece cinco niveles de consciencia que se pueden experimentar en el mundo físico a nivel planetario. Parten desde la polaridad de la ignorancia en dirección a la polaridad del entendimiento, y cada nivel de consciencia representa un paradigma de la vida diferente. 

Primer paradigma: Supervivencia & Procreación

En este primer paradigma no hay aún un entendimiento del mundo espiritual. Todo cuanto existe desde esta perspectiva es físico. Este es el paradigma de las personas en el primer nivel de consciencia que es Supervivencia y Procreación, y que es el nivel de consciencia más cercano al extremo de la ignorancia.

Los seres humanos en este primer nivel de consciencia se identifican plenamente con sus cuerpos, al punto de creer que es todo lo que son. Están enfocados en satisfacer las necesidades del cuerpo físico para mantener la continuidad de la vida biológica. Hidratación y alimentación, por ejemplo, son dos necesidades básicas asociadas al cuerpo biológico. También está la necesidad de un refugio como protección de las variables climáticas y de los peligros del entorno, así como la necesidad de reproducirse para mantener la continuidad de la especie, lo que también forma parte de sus necesidades básicas. 

En este paradigma, el ser humano es muy materialista. Tiene muy poca autoestima porque no sabe nada de sí mismo, así que su identidad se la da aquello que logra obtener del entorno. Se adapta a circunstancias adversas de forma sumisa, siempre que considere que sus necesidades básicas están satisfechas o que se sienta «seguro«. En caso contrario, luchará por su supervivencia. Ante la adversidad, prefiere huir que luchar. Se esconde y evita confrontaciones que lo pudieran poner en riesgo, ya que su atención está puesta siempre en sobrevivir. Por lo general se alía a alguien más fuerte, lo que le garantiza mayor seguridad y, por ende, su supervivencia. 

Las personas que interpretan la vida a través del paradigma de supervivencia, viven sumidos en el miedo. Le temen a todo, porque aún no se saben capaces de hacerle frente a la adversidad. El miedo, para las personas que viven bajo este paradigma, se convierte en su principal ancla. Los paraliza y los deja en una especie de estado vegetativo, en el cual repiten día tras día las mismas rutinas, sin ningún avance en ningún aspecto de sus vidas. Las rutinas les da una falsa sensación de seguridad, lo que hace que sus vidas se estanquen. Además, el miedo las hace personas egocéntricas, imposibilitadas de ponerse en los zapatos del otro, preocupadas estrictamente por ellas mismas y por su supervivencia. En sus vidas no hay espacio para preocuparse por alguien más. 

Para estas personas la muerte es el fin de todo y le temen. No se cuestionan qué hay después de la muerte porque no les gusta pensar en eso. Su atención está centrada en mantenerse vivos. En la supervivencia. Como están desconectados de la fuente, sienten que no tienen ningún poder, lo que las convierte en víctimas de las circunstancias. Esto lo aprovechan victimizándose para ganar la buena voluntad de otras personas. Suelen ser personas conformistas, porque para ellas «es mejor malo conocido«. No les gusta arriesgarse. Tampoco les gustan los cambios. No desean salir de su zona de confort, aunque la estén pasando mal allí… 

Segundo Paradigma: Dolor & Sufrimiento

En este segundo paradigma de la vida, las relaciones interpersonales juegan un papel importante. Si el primer paradigma se centraba en lo físico, este lo hace en lo emocional. Estamos rodeados de seres humanos y establecemos relaciones con ellos de interdependencia. En estas relaciones siempre hay un intercambio. Algo que queremos y que la otra persona nos proporciona, así como algo que la otra persona quiere y que nosotros podemos ofrecer. Puede ser compañía; puede ser atención; puede ser afecto; puede ser seguridad; o puede ser guía. En este segundo paradigma, establecemos relaciones con el fin de satisfacer nuestras necesidades emocionales. 

Pero al establecer relaciones interpersonales bajo la premisa del intercambio, estas tienden a ser frágiles y pasajeras, incluso cuando hay lazos de consanguinidad. Cuando una de las partes considera que no está recibiendo aquello que fue acordado, hay un desequilibrio en la relación y esta termina. Es así porque estas relaciones no están basadas en el amor sino en la conveniencia, lo que tal vez le da su nombre a este nivel de consciencia, que es dolor y sufrimiento. Una frase clave en relaciones de este tipo es «te necesito«.

Aunque las personas que viven bajo este paradigma siguen siendo materialistas, el peso de sus elecciones tiende a ser más emocional la mayoría de las veces. Buscan a alguien que se comprometa con ellas y les ofrezca seguridad, comodidad, protección, ayuda, apoyo, afecto o respaldo, y que eso se manifieste también en lo físico, a través de una casa, de mobiliario, de dinero, de estabilidad laboral, de regalos y de cualquier otra manifestación materialista de afecto. Pero lo que realmente buscan es sentirse seguros, apreciados, valorados o protegidos.  

Otro aspecto importante en este paradigma es la búsqueda de identidad a través de la opinión de los demás. En este nivel de consciencia ya hay cierto nivel de conexión con la fuente, pero no lo suficientemente fuerte como para transmitirle al ser humano un sentido de identidad. Por ello, necesita que otras personas le digan quién es. Un ser humano, a través de sus relaciones interpersonales, adquiere una identidad que podría o no estar ajustada a la realidad, pero que en cualquier caso este usará a falta de algo mejor.

A nivel espiritual, en este paradigma se aceptan más fácilmente los dogmas de fe y las creencias ciegas. Este es el paradigma en el que se aceptan y se profesan religiones. Es aquí cuando con mayor facilidad se infunde en una persona el temor a dios. En este nivel de consciencia el ser humano está buscando descubrir su propia identidad y como aún sabe muy poco de sí mismo, busca en qué creer.

Tercer Paradigma: Poder

Entonces, llegamos al punto medio que es el tercer paradigma, correspondiente al tercer nivel de consciencia: Poder. Este paradigma está fundamentado en el control, y es eminentemente emocional también.

Un ser humano que interpreta la vida bajo este paradigma, se verá a sí mismo como un controlador o como un controlado, como un tirano o como una víctima. Las personas que interpretan la realidad bajo este paradigma sienten la necesidad de determinar o de dirigir el comportamiento de otras personas, a quienes consideran como de su propiedad, o de ser dirigidos y víctimas de otros a quienes consideran sus amos.

Cuando nuestra atención está en este paradigma de control, nos referimos a «mi hijo«, «mi hija«, «mi esposa«, «mi esposo» o «mis empleados«, por citar algunos ejemplos, desde la perspectiva de la posesión. «Son de mi propiedad» o «soy de su propiedad«. «Me pertenece» o «le pertenezco«. Por tanto, deben hacer lo que yo digo o debo hacer lo que ellos dicen. Deben servir a mis intereses o debo servir a sus intereses. Deben estar a mi disposición o debo estar a su disposición. Se deben adaptar a mis deseos y necesidades o debo adaptarme a sus deseos y necesidades. Quien controla no reconoce a los otros como sus iguales, seres humanos únicos, individuales e independientes, sino como parte de sus haberes o bienes. Mientras que quien es controlado no siente al controlador como su igual, sino como su dueño. Este es el paradigma de la vida en el que nos hacemos «dueños» o «esclavos» de otras personas

En esta manera de interpretar la vida «el dinero es poder«.  Se busca el dinero no con el objetivo de asegurar la supervivencia, sino para controlar a otras personas. En este paradigma de la vida, los privilegios son un reconocimiento a sus méritos. La exclusividad es una distinción que solo unos pocos obtienen y que hay que ganar, siendo la competencia el mecanismo a través del cual eso se logra. Los niveles, castas y clases sociales son naturalmente aceptados y se admira a quien más arriba haya llegado en el escalafón.

Desarrollan estudios, analizan, evalúan y establecen estrategias con el propósito de alcanzar objetivos, siempre compitiendo con otros y tratando de buscar su lugar dentro del escalafón social. El logro es siempre el premio para las personas que interpretan la realidad a través de este paradigma. Ganar o perder determina su motivación para actuar. Lo que conviene está por encima del sentimiento. Y su identidad está supeditada a sus logros y a sus fracasos. 

Para las personas que viven bajo este paradigma, el mundo espiritual es una posibilidad que vale la pena explorar «por si acaso…«. Pueda que aún no estén convencidos de que exista un mundo espiritual, pero no lo descartan del todo, aunque dediquen muy poco tiempo a pensar al respecto. 

Cuarto paradigma: Amor sentido

Si los primeros tres paradigmas eran eminentemente materialistas, en este cuarto paradigma la interpretación de la vida está más relacionada con lo intangible. Al alcanzar el cuarto nivel de consciencia, la relación entre ignorancia y entendimiento juega a favor del entendimiento. Entonces, el ser humano empieza a descubrir quién es y a experimentar amor por sí mismo. No de una manera egocéntrica, sino que empieza a verse reflejado en los demás. Y entonces, empieza a cuestionarse las elecciones que ha tomado y que le han llevado al lugar en el que está y a definir una nueva ruta para su vida, más alineada con quien realmente es.

Al alcanzar a sintonizar el cuarto paradigma de la vida, el ser humano empieza a experimentar el amor incondicional gracias a su proceso de auto descubrimiento que es la clave para amar a los demás porque, al amarse a sí mismo, es capaz de verse reflejado en los demás. En este paradigma es que podemos manifestar empatía de forma natural. Empezamos a sentir un genuino interés por el bienestar de los demás sin esperar retribución por ello. 

A nivel espiritual se establece una comunicación frecuente con nuestro mundo interior. Buscamos cada vez con más frecuencia espacios para la introspección. Empezamos a ser cada vez más auto críticos. Dejamos de actuar de forma impulsiva o visceral, y nos tomamos el tiempo para evaluar las consecuencias de nuestras palabras y de nuestros actos. Abandonamos el mal hábito de criticar de forma destructiva, y nos hacemos a un lado cuando esto ocurre en algún grupo. Así mismo, desarrollamos una incipiente curiosidad por el mundo espiritual. Analizamos hasta encontrar el por qué de las cosas y no nos conformamos con creer, sino que queremos saber.

Para una persona que interpreta la realidad a través del paradigma de amor sentido el mundo espiritual deja de ser una posibilidad para convertirse en algo real. Algo a lo que desea acceder a través del desarrollo de su entendimiento y de sus capacidades y potencialidades. Siempre hay algo que aprender para una persona que ve la vida desde este paradigma. Así se prepara para alcanzar el siguiente nivel de consciencia y así, desarrollar aquello para lo que vino a este mundo…

Quinto Paradigma: Amor expresado

En la escala que estoy usando, este sería la manera de interpretar la realidad más elevada a la que se puede aspirar en el planeta. Este es un paradigma eminentemente espiritual, basado en el entendimiento. Las personas que interpretan la realidad desde este paradigma están de servicio en el planeta. Ya han descubierto quiénes son y qué están haciendo aquí, por lo que se han puesto manos a la obra. 

El servicio a la humanidad es una característica inocultable para las personas que ven la vida desde este paradigma. Funcionan como guías espirituales de la humanidad, aún cuando no sean públicamente reconocidas. Su servicio se basa en enseñar a través de su ejemplo. Nos muestran a través de su ejemplo su interpretación de una vida de servicio a la humanidad. 

A nivel espiritual, las personas que interpretan la realidad a través de este paradigma son conscientes de que la vida es como una obra de teatro en la que ellos, al igual que cada ser humano que habita este planeta, están interpretando un papel en la obra. Ellos saben diferenciar la obra del mundo real, por lo que no permiten que otros actores los sumerjan en sus dramas. Estas personas saben quiénes son y lo que están haciendo aquí, así que no permiten que otros interfieran con su trabajo.

Una persona que interpreta la vida desde el paradigma del amor expresado está en plena conexión con su ser. No actúa de forma programada. No reacciona. Vive su vida haciendo siempre lo que desea hacer. Vive su vida siempre en el presente. 

¿Cómo saber cuál es mi paradigma de la vida?

Si llegaste hasta aquí en tu lectura puede que estés pensando en cuál será tu paradigma de la vida, porque seguramente te has identificado en alguna medida con más de uno de ellos ¿cierto? Si así ocurrió, no te preocupes, que eso es normal. ¿Por qué? Porque la mayoría de nosotros tenemos un nivel de consciencia mayor al paradigma a través del cual estamos interpretando la realidad en este momento. Me explico.

El deber ser es que cada ser humano interprete su realidad en base al nivel de consciencia que tenga. Es decir, su nivel de consciencia debería determinar su paradigma de la vida. Pero no es así como ocurre actualmente porque nos han programado para interpretar la vida a través de los tres paradigmas más bajos. Supervivencia, dolor y poder son los paradigmas a través de los cuales la mayor parte de la humanidad interpreta su realidad, aun cuando la mayoría de nosotros ha alcanzado un nivel de consciencia más alto. Esto quiere decir que estamos interpretando la realidad desde un paradigma que no es el que nos corresponde.

Por eso, seguramente te has identificado en más de uno de estos paradigmas. Esa identificación representa para ti anclajes o cosas que tienes que sanar. Programaciones, patrones de conducta, traumas y formas de pensamiento negativas que han sido insertadas en tus cuerpos mental y emocional de forma artificial y que te han condicionado para que interpretes la vida desde algún paradigma distinto al que por derecho divino te corresponde.

Ahora bien, ¿cuál es tu nivel de consciencia? Yo no lo sé, pero te puedo decir con bastante seguridad que si has alcanzado a leer hasta aquí, al menos deberías estar en el cuarto nivel de consciencia. Porque, de otra manera, ni siquiera te hubieras interesado en leer este artículo. Entonces, si te has identificado en más de un paradigma, eso solo te dice que tienes trabajo por hacer. Y ese trabajo no es otro sino identificar qué es aquello que te mantiene interpretando la vida desde una perspectiva que no es la que te corresponde, y limpiarlo, sanarlo, transmutarlo.

¿Cómo? Lo primero es identificarlo. Lo siguiente es decretar tu intención, desde el Señor Dios de tu Ser, de dejarlo ir. De sanar todo el daño que en ti haya causado. Y luego, déjalo ir (En este artículo hay información de cómo). Asume el control de tus cuerpos, y saca de ellos a través del poder tu voluntad, todo aquello que no te pertenece. Tú tienes el poder de limpiarte. De sanarte. De sacar de ti todas aquellas energías que no te pertenecen. Pero antes, debes asumir ese poder. Y debes hacerlo desde el Señor Dios de tu Ser.

 

AUTOR: Rafael Bueno, redactor en la gran familia de hermandablanca.org

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