Errores en la economía (3) la avaricia

José Contreras

Errores en la economía (3) la avaricia

Introducción

Estamos revisando los errores que cometemos al tratar de desarrollar nuestra economía.

Es muy posible que no tengamos vicios como el de la avaricia. Sin embargo, esta revisión puede ayudarnos a reconocer errores sutiles vinculados a esta actitud. Ciertas formas de ahorro, como la incapacidad para desprendernos de ciertos objetos que no nos hacen falta, ni tienen sentido para nosotros podrían señalar que debemos revisar nuestros conceptos sobre la economía.

Incluso el aprovecharse de los demás sin sentir que debemos compensarlos es una forma de avaricia. Veremos algunos casos en los que algunas personas toman algo que es para otro, como es el caso de las propinas.

Es muy común pensar que jugar a la bolsa es algo sano solo porque es legal. Lo que es legal, no es necesariamente sano para nuestra economía e incluso para nuestra salud.

Si jugar a la bolsa crea una situación de crisis diaria dependiendo de si los valores han subido o bajado, debemos analizar si es una buena alternativa económica o si deberíamos invertir nuestro dinero de otra forma. Dañar la salud por alcanzar una mejor situación económica no es muy inteligente.

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Estamos revisando los errores que cometemos al tratar de desarrollar nuestra economía.

 

Es muy posible que no tengamos vicios como el de la avaricia. Sin embargo, esta revisión puede ayudarnos a reconocer errores sutiles vinculados a esta actitud.

Errores en la economía: la avaricia

La infancia y la avaricia

Hay experiencias infantiles que pueden ayudar a que la persona desarrolle actitudes proclives a la avaricia. Estas pueden ser:

1. Situaciones de niños a los que sus padres los enseñan a no jugar por que los juguetes deben estar siempre como nuevos. Para un niño es difícil entender porque los demás niños pueden jugar con sus juguetes pero ellos no.

El argumento sobre el desorden de los demás y el daño que le hacen a los juguetes no ayuda a comprender porqué los juguetes son solo para adorno. Sin embargo, como debe haber una justificación, el niño acepta que las cosas son para observarlas, no para manipularlas. En el futuro, si se convierte en avaro, tendrá el dinero para observarlo. No lo invertirá.

2. También hay niños que aprenden que el ahorro es para caridad y no para tener dulces o juguetes. Otro caso es el de niños que aprenden que el dinero se ahorra para darlo a los demás. Así que sus padres los enseñan a ahorrar pero les prohíben el acceso a él.

No pueden hacer planes con su dinero. De alguna manera aprenden que no tiene derecho al dinero que ahorran. Esto los puede convertir en jóvenes que se dejan quitar el dinero o en avaros que no pueden beneficiarse de su dinero.

3. A algunos niños se les enseña que el ahorro no sirve ya que nunca podrán tener nada propio. También está el caso de los padres que le enseñan a sus hijos que siempre serán pobres. “Los ricos ya están completos” es su lema. Estos niños aprenden que por más esfuerzo que hagan, nunca tendrán derecho a tener algo de lo que desean.

Si logran tener dinero, siempre sentirán que es poco. No pueden comprender que no tienen que ser potentados. Que pueden ir mejorando su vida poco a poco. Cuando llegan a viejos siguen siendo pobres. Consideran que la sociedad les tiene prohibido vivir mejor y su consuelo es contar sus ahorros y pensar que no sirven para nada.

4. Otros niños aprenden que no se puede estudiar porque hay que ahorrar el dinero. Este último caso es otro tipo de frustración. Sus padres ahorran supuestamente para que todos vivan mejor en el futuro. Pero eso implica que no se puede invertir en nada en el presente y menos en la educación de los hijos. Tal vez esta sea la peor situación de las señaladas.

5. También se puede dar el caso del niño que tiene tendencia a acaparar cosas como los juguetes y sus padres no lo enseñan a desprenderse de algunos para dárselos a sus amigos o a niños pobres.

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Algunos padres enseñan a sus hijos a no jugar por que los juguetes deben estar siempre como nuevos. Son solo para verlos.

La importancia de presentar estos ejemplos sobre la educación de los niños está en que la avaricia también puede ser enseñada. Los padres deben reflexionar sobre que les están enseñando a sus hijos sobre la economía.

La importancia de presentar estos ejemplos sobre la educación de los niños está en que la avaricia también puede ser enseñada.

Normalmente, no hay conciencia de que los niños aprenden sobre economía a partir de las formas de ahorro que hacen sus padres. Es posible que el joven no tenga tendencias a la avaricia, pero puede haberlo adquirido como un aprendizaje. No podemos olvidar que la avaricia impide disfrutar de la vida y peor aún puede hacerle daño a aquellos que tienen que soportar esta situación.

Riqueza futura y miseria presente

Lo único que existe es el presente.

Cuando decimos que solo existe el presente, no nos referimos a malgastarlo todo en este momento. Sino que el presente es eterno y que lo que queremos, si lo sabemos querer, lo haremos realidad. Lo que no existe hoy, pero lo queremos, se hará presente. Esto no lo sabe el avaro. Él siempre querrá disfrutar de sus riquezas en el futuro. Jamás en el presente.

Esta frase «lo único que existe es el presente» se opone a la del avaro que piensa que «lo único que existe es el futuro«. Él nunca podrá ser feliz en el presente, porque espera ser feliz en el futuro.

El problema es que ese futuro se hace desde el presente.  Nunca viviremos en el futuro.

Interpretaciones del «presente»

«Lo único que existe es el presente» se puede interpretar en diferentes sentidos. Algunos lo toman como que hay que derrochar en el presente sin importar el futuro. Quienes afirman esto consideran que lo único que hay en el futuro es la muerte. Hay una frase que dice “bebamos y comamos ahora que mañana moriremos”.

Esta frase también se refiere al presente como a la vida en la tierra. Suponen que no hay nada después de la muerte. Se puede entender como ser precavido solo para la vida presente. Esa precaución también puede llegar a asegurar la vejez. El avaro la podría interpretar como tener mucho para disfrutarlo mañana, antes de morir. El problema para él es que siempre vivirá hoy. Mañana siempre será mañana.

Hay una frase de Antonio Machado que dice “hoy es siempre todavía”.Por más tiempo que vivamos, siempre viviremos en el presente.

Este es el problema de quien no es feliz hoy para serlo mañana. Siempre va a vivir en el hoy, pero esperando ser feliz mañana. En realidad, el verdadero deseo es que lo que queremos hoy, se haga presente. Esta palabra “presente” tiene mucho contenido.

Si el avaro quisiese que el disfrute de su riqueza se hiciese presente, dejaría de ser avaro. Es como quien quiere tener una torta para comérsela en el futuro y otro que la quiere para tenerla lista en el momento de la merienda. El segundo sabe que esa imagen disfrutando de su torta se actualizará y se la comerá. El primero vivirá con el temor de que si se la come ya no tendrá la torta en el futuro.

Al que se la comió, le queda el recuerdo de haberla disfrutado. El otro nunca se la va a comer, pero siempre tendrá la esperanza de comérsela y en el fondo sabe que nunca se la comerá. Ahora podemos imaginar el tormento en que vive el avaro.

Quien no es feliz hoy, para serlo mañana. Siempre va a vivir infeliz en el presente, esperando ser feliz mañana.

Las dos Penélopes

Para ampliar este tema sobre vivir en el presente podemos recordar la canción Penélope.

Ella vive soñando con el hombre que se fue. Lo espera en el futuro. El problema es que un día, él se hace presente, Ella no lo puede reconocer, lo espera en el futuro. Para ella en el presente solo podían haber fantasmas.

En la obra griega «la Odisea» de Homero, Ulises, después de diez años, regresa a su casa aparentando ser un mendigo. Busca a su esposa Penélope, pero ella no lo reconoce. Sin embargo, lo pone a prueba. Le hace preguntas que solo podía responder Ulises y él le da las respuestas correctas.

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Ulises, después de diez años, regresa a su casa aparentando ser un mendigo.

Esta Penélope griega vive en el presente, pero no se hace ilusiones. La verdad tiene que ser demostrada.

Aquí hay una gran diferencia entre ambas Penélopes. La que espera en el futuro tiene un problema. No sabe que es lo que quiere. No sabe cuáles son las respuestas que debe ofrecer su amante. Es el problema del avaro. si esa felicidad que espera del futuro se le presenta, no sabría reconocerla. Por ahorrar dinero, nunca se ha molestado en saber que es lo que quiere.

La que vive en el presente, pone a prueba la oportunidad que se le presenta para descubrir si es una ficción o una realidad.

La que vive en el presente, pone a prueba la oportunidad que se le presenta para descubrir si es una ficción o una realidad.

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Un día, él se hizo presente, Penélope no lo pudo reconocer, ella lo esperaba en el futuro.

La avaricia consigue lo que teme

La avaricia y la miseria

Un anciano estuvo ahorrando todo el dinero que le enviaban sus hijos. Lo ocultaba en un colchón. Tenía suficiente, pero lo guardaba para el futuro. Un día hubo una inmensa crisis económica en el país. Todos esos billetes se volvieron nada. Nunca disfrutó y además nadie disfrutó de su dinero.

Cuando el futuro que esperaba se convirtió en presente consiguió lo que temía. Consiguió lo que quería evitar. Estaba en la miseria. Sus hijos habían perdido todo el dinero que le habían enviado. Pero aún si no hubiese habido crisis económica habría muerto pobre en medio de su riqueza. Su único goce era el de mirar de vez en cuando sus ahorros dentro del colchón.

El avaro no se da cuenta que el dinero es para intercambiar y considera que el dinero es un fin en sí mismo.

Schopenhauer nos dice que el deseo es algo que nunca se sacia. Apenas satisfacemos un deseo ya tenemos otro. En el caso de la avaricia es más grave porque es un deseo único que, como todos los deseos, nunca está saciado. Ahora el deseo se ha convertido en pasión. Es un deseo insaciable: poseer dinero.

Normalmente no nos damos cuenta de este proceso de satisfacción-insatisfacción, porque  pasamos de un deseo a otro. Schopenhauer nos dice que hay que transformar esos deseos en arte y en ética. De esta forma dejarán de tener poder sobre nosotros.

El avaro se queda en el mismo deseo y nunca llega a estar satisfecho. No es tener dinero para algo. Es la necesidad de tener siempre más, sin ninguna otra finalidad que tener más. Su relación con los demás es de miedo. Temor a que los ladrones se lleven sus ahorros.

Otra situación típica de avaricia es el juego en la bolsa (stock marked). Quienes se dedican a hacer ganancias de esta manera, están realmente jugando. Es una apuesta constante y algunas personas se enferman con la tensión diaria sobre cómo mover el dinero para no perder. Esta actividad es muy promovida por los medios financieros. El problema principal es que al ser una apuesta así como se puede ganar, también se puede perder.

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Enfermarse por la avaricia no es una buena elección

La avaricia y la soledad

Este vicio puede presentarse en algunas personas como la imposibilidad de formar un hogar. El avaro iImagina que siempre necesita más para comprometerse con una pareja. Cuando tiene más, se da cuenta que aún no es suficiente y nunca será suficiente. No entiende como alguien con menos, pueda ser feliz.

En una ocasión, un abogado le preguntó a su cliente que estaba en una prisión debido negocios ilegales:

¿Si usted tiene tanto dinero, para que quiere tener más?

Y el preso le contestó,

es por el placer de poder tener más.

Aquí regresamos a la idea de Schopenhauer. Un deseo logrado, solo es la ocasión de otro deseo. Pero como dijimos antes, en este caso no es un deseo diferente. Es el mismo deseo pero más insaciable. Con el peligro de llegar a la delincuencia, como es el caso de este prisionero. En este situación, está la emoción similar a la del jugador. Se quiere dinero para sentir que se le puede quitar a otro.

En este caso podemos notar que el ser acusado y enjuiciado por un delito relacionado con su avaricia no es suficiente para que la persona reflexione. Es muy posible que simplemente se diga que no lo hizo bien y que al final tiene suficiente dinero para salir pronto de la prisión. El deseo permanece y seguirá actuando en la misma dirección.

No todo avaricioso es ladrón. De hecho algunos son muy honrados y evitan tomar lo que no es de ellos. Su deseo es no gastar lo que es suyo. Sin embargo, el deseo de tener más puede llevar a aprovecharse de otro.

Lo que si es cierto es que el avaricioso no tiene amigos. La gente evita al que no sabe compartir. Además, si este va a una fiesta, va a tomar lo que le ofrece, pero no va a aportar nada.

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El avaro muere en la soledad

En otras palabras, la avaricia puede traer como consecuencia, efectos indeseados. Como el de caer en prisión o el de perder las amistades.

Podemos decir que cuando un deseo se convierte en pasión, en un deseo único, surge una forma de avaricia. Siempre se va a querer más de eso.

La avaricia puede traer como consecuencia, efectos indeseados. Como el de caer en prisión o el de perder las amistades.

La avaricia en minucias

Este deseo se puede ver en quien se roba las propinas que les dejan a los mesoneros. No es que ellos vayan a ser más ricos por esto, es el poder quitarle algo a otro sin que haya reacción inmediata. Conocí a una persona que cuando almorzaba con sus compañeros, esperaba el momento en que estos dejaban la propina y él la tomaba. Cuando sus compañeros protestaban, les decía, si a ustedes no les hace falta ese dinero, a mí sí.

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Robarse las propinas es otra forma perversa de avaricia.

Hay otra situación, mucho más leve y muy frecuente, que es la incapacidad de desprendernos de objetos que no solo no nos hacen falta, sino que de alguna manera nos estorban. Muchas veces se puede usar la expresión: “por si un día me hace falta,” En algunos casos puede ser cierto, pero en otros es una incapacidad de soltar. “Lo que es mío, tiene que seguir siendo mío”.

La avaricia también toma la forma de querer lo de los demás. El tomar lo que no es propio. Darle a los demás menos de lo que les corresponde. Es decir que a la avaricia se une la codicia y la envidia. Hay avaros que ni toman dan, pero hay otros que no dan pero toman. El problema de la avaricia es que es un daño contra sí mismo. Si además les quita a los demás lo que les corresponde es un daño a los demás.

El avaro siempre tendrá una excusa para no pagar. Cuando ya no tiene excusa huye del sitio o de la situación. Esta es otra acasión para conseguir enemigos.

Superando la avaricia

Alguien podría decir que querer más sabiduría también podría ser una forma de avaricia. Lo que ocurre es que el sabio no se deja dominar por sus deseos, sino que sabe que su riqueza, cualquiera que sea también debe enriquecer a los demás.

Podemos ampliar este aspecto a quienes leen mucho. Cuando se lee de manera exagerada en realidad se quiere tener mucho sin esfuerzo. Por esta razón siempre se recomienda leer menos y reflexionar más. Podríamos agregar que se debe buscar la manera de transmitir nuestras reflexiones a quienes les puedan ser útiles. Así compensamos lo que recibidmos de quienes se han dedicado a pensar.

Hay otra forma de superar el problema de la avaricia. Tendemos a guardar cosas que no nos son necesarias, en vez de decirnos que lo guardamos «por si acaso», podemos preguntarnos ¿A quién le hace falta hoy? Y vender o donar ese objeto con alegría. Renemos que aprender a discernir entre lo que nos hace falta y lo que guardamos sin sentido.

Es muy importante respetar la costumbre de compensar lo que recibimos de otros. Sin darnos cuenta podemos ir quedando endeudados debido a esos favores que aceptamos.

Ya hemos visto que el avaro no sabe vivir en el presente. Se puede decir que ahorra, pero no siembra para lograr lo que quiere. Solo quiere tener más, pero no sabe para que. La avaricia es una forma muy perversa de materialismo. Si podemos trasladar esos deseos insaciables al mundo de la ética, al deseo de ser mejores, estaremos sembrando allí, donde ningún ladrón te puede expropiar.

Si podemos trasladar esos deseos insaciables al mundo de la ética, al deseo de ser mejores, estaremos sembrando allí, donde ningún ladrón te puede expropiar.

En resumen

La avaricia puede ser enseñada por los padres por medio de la prohibición a usar los juguetes o porque no se enseña que los juguetes viejos se pueden regalar a quienes les hacen falta.

Tampoco hay que abusar de las donaciones. Es el caso de los padres que no dejan que sus hijos ahorren para ellos, porque todos sus ahorros deben ser para caridad. Es posible que cuando puedan ahorrar sin el control parental se hagan egoístas.

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Hay padres que enseñan a sus hijos a ahorrar pero les prohíben el acceso a sus ahorros.

Lo más grave es cuando se enseña a los niños que no se debe invertir dinero en los estudios. Hay que estar conscientes en que este vicio puede ser enseñado.

Aprender a vivir en el presente es un arte que hay que aprender por medio de la reflexión. Todas nuestras experiencias se guardan en el eterno presente.

Debemos imaginar que lo que queremos se haga presente. Si lo esperamos para el futuro, no lo podremos reconocer cuando se presente como oportunidad. No hagamos como la Penélope de la canción, seamos prudentes como la Esposa de Ulises.

Aprendamos a evitar la avaricía en la munucias. Así nos protegeremos de convertirla en pasión.

Debemos imaginar que lo que queremos se haga presente. Si lo esperamos para el futuro, no lo podremos reconocer cuando se presente como oportunidad. No hagamos como la Penélope de la canción, seamos prudentes como la Esposa de Ulises.

Referencias

La Avaricia

 

 

José Contreras redactor y traductor en la gran familia de hermandadblanca.org

 

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