Reflexiones: La raíz de nuestros miedos

Roberto Mercher

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Para averiguar cual es la raíz de nuestros miedos es importante entender primero que es el miedo. El miedo, junto con la alegría, la tristeza, la ira, la sorpresa y la aversión constituyen las emociones básicas o primarias comúnmente aceptadas por la psicología. Se consideran básicas porque son innatas y ya han sido incorporadas en nuestro ADN a través de miles de años de evolución. Sin embargo,  hay personas que parecieran no sentir nunca miedo sino más bien placer en situaciones de peligro que la mayoría nunca desearía enfrentar. Este tipo de personas suele dedicarse a la práctica de deportes extremos o actividades circenses en las que exponen constantemente sus vidas. Obviamente, esta condición resulta ser excepcional, dado que para la mayoría de los humanos el sentir miedo no resulta una emoción placentera, sino más bien estresante.

El miedo es una reacción natural ante el peligro y de allí su importancia para nuestra supervivencia. En situaciones de peligro tenemos una de tres reacciones: huimos, luchamos o nos rendimos ante el peligro, lo que comúnmente se le conoce como “quedarse congelado”.

En situaciones de miedo extremo nuestra respuesta ya está programada y es prácticamente automática, en esos momentos nuestro subconsciente se encarga de muchas de nuestras reacciones y es por eso que a veces no recordamos claramente que hicimos en esas situaciones. El miedo siempre está acompañado de cambios fisiológicos en nuestro cuerpo, como la aceleración del ritmo cardiaco y respiratorio, la dilatación de las pupilas y la mayor irrigación sanguínea de las extremidades, todos ellos, cambios propios de la preparación para huir o luchar.

Existen niveles de miedo de diferente intensidad y duración, desde un simple susto, hasta el terror extremo que se puede prolongar por mucho tiempo. Todos estos miedos tienen su raíz en nuestra consciencia de ser vulnerables ante los peligros, a tal punto de poder sufrir daños considerables y hasta perder la vida al enfrentarlos. La raíz de nuestros miedos más profunda es la muerte. Sé que puede sonar extraño hablar de consciencia en una emoción tan básica en la que pareciera que el estímulo no requiere un procesamiento consciente para generar nuestra reacción, pero ese estado de consciencia es tan primitivo que ya está integrado en el instinto animal que todos tenemos.

Pero si vamos más allá de ese instinto y analizamos a qué es realmente a lo que le tenemos miedo, nos vamos a encontrar con algo interesante. Un amigo decía a manera de chiste, que la gente no le tiene miedo a la muerte sino al tiempo que dura muerto y si lo analizamos en frío, debe haber algo de cierto en eso. Si al morir estuviésemos seguros que pronto vamos a volver a vivir, es probable que no hubiésemos desarrollado la emoción del miedo tal como la sentimos. Si al enfrentar un peligro muriéramos y después de cierto tiempo estuviéramos vivos de nuevo y conscientes de lo que ocurrió, nuestra actitud ante los peligros seguramente sería muy diferente, al igual que nuestra emoción de miedo, tal como se muestra en la película “Edge of tomorrow (Al filo del mañana)” (2014), en la cual después de cada muerte el protagonista trata de enmendar los errores cometidos en la vida anterior para poder seguir avanzando en el logro de su objetivo. De igual forma, es un hecho que cada día al dormirnos nos enfrentamos a la noción de la muerte, porque aun cuando el cuerpo está vivo y muchas de sus funciones permanecen activas, nuestra consciencia cae en un estado completamente distinto al estado de vigilia en el cual tenemos consciencia de “estar vivos”. Sin embargo, noche tras noche nos dormimos sin temor, porque estamos convencidos que al día siguiente nos despertaremos. De no ser así, nos pasaría como a los actores de la serie de películas “A Nightmare on Elm Street (Pesadilla en la calle del infierno)”, quienes hacían todo lo posible para no dormirse por el temor de morir mientras dormían y no despertar jamás.

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Sé que para muchos puede resultar exagerado pensar que el miedo a morir sea la raíz de todos nuestros miedos y es cierto. ¿Cómo puede el miedo a morir ser la raíz del miedo que sentimos antes de presentar un examen?, ¿o antes de hablar en público?, por ejemplo, ciertamente esos miedos no tienen nada que ver con el temor a la muerte física, pero si con el temor a una “muerte” que para algunos puede llegar a ser peor que la física, se trata del temor al “desánimo” que genera el fracaso, que literalmente significa “sin-ánimo”, “sin-alma”. El desánimo puede generar en personas propensas a la depresión profundos estados de tristeza que los hacen sentir como si estuvieran  “muertos en vida”.  El fracaso no pone en riesgo nuestra existencia física, pero si nuestra existencia emocional y tranquilidad espiritual. De allí el temor que podemos llegar a sentir ante él.

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Pero volviendo a nuestro temor a la muerte, pienso que la idea de la reencarnación pudiera surgir de esa necesidad de estar convencidos de un nuevo despertar, como un mecanismo de defensa para vencer el miedo que nos genera ese estado desconocido que es la muerte. Desde mi punto de vista, si existe o no la reencarnación realmente no es lo importante, lo importante es si creemos o no en ella. Si creemos y realmente existe, qué bueno, porque pronto nos despertaremos a una nueva vida, aunque pareciera que muy pocas personas logran conservar consciencia de vidas anteriores, si es que realmente lo logran, porque muchos creen que se trata de recuerdos implantados que no tienen nada que ver con vidas pasadas o reencarnaciones.  Por otro lado,  si creemos que la reencarnación existe y no es así, qué importa, nunca lo sabremos.

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Silhouette of Jesus giving helping hand with sunset background

Mi recomendación para vencer o por lo menos mitigar nuestro temor a morir, es pensar por un momento qué sentiríamos si viviéramos para siempre. Creo que todos, o por lo menos una gran mayoría,  quisiéramos vivir un poco más de lo que esperamos vivir, pero “para siempre” suena como mucho tiempo y creo que terminaríamos sintiéndolo más como un castigo que como una bendición.  Pienso que la muerte es la solución que nos ha dado Dios para evitarnos ese castigo de vivir eternamente sintiéndonos prisioneros en un cuerpo prestado y permitirnos ser finalmente la entidad inmaterial que realmente somos.

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Autor: Juan José Sequera. Autor de la Hermandad Blanca

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