Sabrina Stierwalt – Zombis en la vida real

Diana Martinez
Diana Martinez

Una invasión zombi es ficción, ¿cierto?

Bueno, resulta que algunos zombis realmente existen en la naturaleza y “la vida” luego de la muerte cerebral puede no encontrarse tan lejos.

Tal vez el apocalipsis zombi comience con un virus o con un evento sobrenatural. Quizá los zombis resultantes se muevan rápido, pero sean más fáciles de incapacitar, o sean lentos y solo puedan aniquilarse con un disparo en el cerebro. ¿Serán inteligentes? ¿O torpes , y descoordinados, como argumento que deberían ser los zombis?

El mundo de los zombis puede darnos mucha variedad, pero una cosa comparten todos los escenarios de zombis: la reanimación de un cuerpo después de la muerte. Los movimientos del cuerpo son esclavos de un cerebro que ya no tiene control. ¿Pero ésta diferencia importa? Es solo ciencia ficción salida de una película de horror, ¿cierto?

Existen estudios científicos sobre qué tan rápido se esparcirá un virus zombi, así como desórdenes de neurocomportamiento en los humanos. Y resulta que la ciencia tiene incluso más que decir sobre los zombis.

Hormigas Carpinteras Zombis

En la jungla de Brasil, a alrededor de 10 pulgadas de altura del suelo, las hormigas carpinteras pueden ser encontradas con sus mandíbulas permanentemente cerradas en una hoja, congeladas en una danza de nunca acabar, mientras que un tallo extraterrestre crece en su cabeza. Estas hormigas son víctimas del ophiocordyceps unilateralis, también conocido como hongo zombi de hormigas.

El hongo primero entra en el torrente sanguíneo de la hormiga como células simples, sin embargo, éstas pronto empiezan a multiplicarse y, sobre todo, a construir conexiones, permitiendo que estas células individuales compartan nutrientes. Dichas conexiones diferencian al ophiocordyceps de otros hongos que simplemente matan a su huésped y eventualmente forman redes que se enredan alrededor de los músculos de las hormigas.

Mientras que la red del hongo crece, el cuerpo de la hormiga sucumbre al control del hongo. Curiosamente, esta red no parece alcanzar el cerebro de la hormiga. Los entomólogos no están seguros si el hongo libera químicos que afectan el cerebro de la hormiga, matándolo, o si es más siniestro: aunque deje el cerebro tranquilo, lo mantiene intacto para que pueda presenciar la invasión del cuerpo, desconectando el control de cualquier músculo.

De cualquier forma, la hormiga es llevada a abandonar su colonia y escalar una planta cercana para llegar a la altura precisa por encima del suelo de la jungla donde la humedad y la temperatura son óptimos para el crecimiento del hongo. La hormiga es obligada a morder la hoja para mantener su posición, y no moverse de nuevo.

Pero el hongo aún no acaba. Con la posición perfecta del huésped, el hongo crea una estaca que atraviesa la cabeza de la hormiga y produce poros para que cuando llueva, el agua envíe el hongo a las hormigas de abajo, obteniendo más víctimas.

El hongo zombi de hormigas no es el único que tiene el poder de manipular al huésped para sus propios beneficios. Por ejemplo, en un intento por acceder a un pájaro, un tipo de gusano primero invade el cerebro de peces Killi Californianos, causando que tengan “comportamientos de nado sospechosos” que los hace más atractivos para ser comidos por un pájaro. Esto demuestra una habilidad única de adaptarse a climas diferentes.

Como mencioné, el hongo hace que la hormiga huésped se guinde a 25 centímetros de altura mordiendo una hoja. Todo el proceso de creación del tallo y espora que esparce el hongo a otras hormigas dura de uno a dos meses. No obstante, en climas más fríos como los de Japón y Carolina del Sur, las hormigas son encontradas aferrándose a las ramas en árboles varios pies por encima del suelo. En estos climas, el esparcimiento de las esporas tarda un año, así que la hormiga zombi debe sobrevivir una estación de invierno, en la cual la hoja puede caer al suelo, pero la rama perdura.

Los científicos que lideran el estudio, incluyendo David Hughes y Raquel Gontijo de Loreto, tienen mucha ayuda de un científico ciudadano, Kim Fleming, quien documentó cuidadosamente la invasión de hormigas zombis en su hogar en Carolina del Sur. Cabe destacar que recibió fama, y que la cepa de hongos que infectó a sus hormigas ahora se conoce como Ophiocordyceps kimflemingiae.

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Traducido por: Diana Martínez, redactora y traductora en la gran familia hermandadblanca.org 

Canalizado por: Sabrina Stierwalt, escritora en la página Scientific America.

Página original: https://www.scientificamerican.com/article/real-life-zombies/

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