Anónimo – Mi despertar con ángeles

Diana Martinez
Diana Martinez

En diciembre del 2009, fui a mi doctora para una revisión debido a que me había estado sintiendo con baja energía y mi menstruación había aumentado a 3 veces por mes. Luego de hacerme unos exámenes, mi doctora quedó sorprendida de que yo pudiera funcionar, ya que mi conteo de glóbulos rojos estaba a un nivel donde la mayoría de las personas necesitaban diálisis. Yo sabía que mi menstruación había incrementado su frecuencia y espesor, pero no le presté demasiada atención. En realidad, me había estado desangrando lentamente, y sin atención inmediata, necesitaría una transfusión de sangre cada par de días para sobrevivir. Traté de posponer la cirugía hasta que mi hija se graduara de la universidad, pero mi doctora me convenció de no esperar. Ordenó una histerectomía.

Mi cuerpo había respondido físicamente a todo lo que sentí en mi corazón. Con la muerte de mi hermano, madre y matrimonio, a veces pensaba que mi corazón sangraría. La matriz es el corazón de la nutrición y no había experimentado demasiada buena alimentación en mi vida. Todo el estrés emocional había pasado factura. Tenía que dejar de sangrar y nutrir a mi ser interior también. Por un tiempo, estuve comiendo bien, haciendo ejercicio y descansando lo suficiente. Ahora tenía que nutrir mi propio espíritu.

Luego de la cirugía, podía sentir cómo me volvía más fuerte cada día. Aunque me perdí la graduación de mi hija, ella estaba agradecida de poder tener más años con una madre sana.

Meses después de recuperarme de la cirugía, fui readmitida al hospital por emergencias, luchando contra un dolor severo y una infección. Cuando llegué, mi doctor me dijo que ella no sabía qué estaba sucediendo, pero que trabajarían hasta hallar la fuente. Podía ver preocupación en su rostro. Me encontré entrando y saliendo de la consciencia. Firmé los papeles para que hicieran los exámenes necesarios, vi a mis hijos y a mi novio en la habitación y luego perdí la consciencia. El dolor se convirtió en demasiado para mi cuerpo, y comencé a apagarme.

Mis ángeles

Podía sentirme abandonarme, y por un instante los Seres más hermosos de Luz me rodearon. El dolor desapareció. Uno sobresalió de los demás y se mantuvo cerca de mí. Me di cuenta de que eran mis Ángeles y supe en seguida que mi condición física era grave. Hablamos telepáticamente; no había necesidad de palabras. Escuché las palabras en mi cabeza. La Luz que había visto con mi madre en su muerte me bañó con la cantidad más increíble de amor, por dentro y a mi alrededor. Era más amor del que jamás había experimentado, llenando cada célula de mi cuerpo. Irradiaba una calidez semejante a una fogata en un frío día de invierno. Pregunté si mi madre y hermano estaban allí y me respondieron que sí, que podía verlos si quería, pero me rehusé. Algo dentro de mí sabía que si los veía no iba a querer irme.

No podía sentir mi cuerpo físico. Podía ver que tenía una máscara de oxígeno. Mi respiración era baja y mi corazón latía deprisa. Escuché a las enfermeras decir que no estaban seguras si lograría sobrevivir la noche. Yo observaba la escena como si estuviera viendo una película. Podía oír todo lo que decían, pero no tenía ningún vínculo físico a nada. Solo podía sentir una increíble sensación de amor, paz y calidez.

Era el mismo sentimiento que tenía cuando asistía a la iglesia, solo que amplificado. Estaba rodeada por los colores más hermosos de Luz, en cada tonalidad posible. En este espacio no había sentido del tiempo. De vez en cuanto, era halada de regresado a mi cuerpo. Tan pronto como abría mis ojos, todo el dolor físico regresaba. Cada vez que me despertaba, veía a uno de mis hijos o a mi novio sentado a mi lado y así sabía que continuaba siendo parte de este mundo.

Tan pronto como cerraba los ojos, me encontraba de regreso con mis Ángeles y con la sensación cálida de su amor. Por 4 días, los doctores y especialistas realizaron prueba tras prueba, tratando de determinar qué me sucedía. Durante ese tiempo, me la pasé entre ambos mundos. Yo era consciente de lo físico, pero también de mi yo no físico. Cuando compartía con mis Ángeles, podía ver mis brazos y mi cuerpo no físico. Veía el delineado de mi silueta, rellenada con una Luz dorada blanca que traspasaba dichas líneas. Como si yo fuera una estrella brillando en el Cielo. La Luz era fluida, iridiscente y conectada a los ángeles cerca de mí o junto a mí. Yo estaba conectada a las estrellas y a la enormidad del Universo. Yo era parte de todo lo que existía, al mismo tiempo. 

Lo que aprendí

Aproveché de hacer preguntas, y escuché las respuestas fuertes y claras. Nuestro propósito aquí es descubrir el amor incondicional dentro de nosotros y así poder ofrecérselo a los demás. Todos estamos en el camino. Lo que nos diferencia es el sendero que tomamos, la experiencia que escogemos, y qué tanto hemos aprendido del amor. Ningún sendero es mejor o más importante que otro. Todo depende de qué le hable a tu corazón y lo haga sentir en casa. Estamos aquí para explorar, experimentar y hallar la felicidad en el proceso de vivir nuestra existencia terrenal.

Nuestra evolución y ascensión como seres espirituales ocurre orgánicamente en el momento en el que estamos listos para recibirlo. Todos estamos constantemente creciendo, evolucionando y cambiando. Pero, no hay nada que podemos hacer para forzarlo o para adquirir cierta habilidad. Todos somos seres viviendo la experiencia humana.  Todas esas experiencias que vivimos son un poco diferentes a las que vive la persona junto a nosotros.

—¿Es mi turno de irme? —pregunté.

—Esa es tu decisión. Ahora mismo, si vives o te vas es tu elección. Se te han dado con varias oportunidades en tu vida para escoger quedarte en la tierra o regresar a Casa. Así que te pregunto, Kimberlee, ¿qué eliges?

Comencé a pensar en mi respuesta. Estando ahí con todos ellos, sentía tanto amor y tanta paz. Se me haría difícil marcharme. Luego pensé en mis hijos. Ellos ya habían atravesado por mucho. Perder a su madre podría ser más de lo que podían manejar. No podía hacerles eso ahora. Yo sabía en mi corazón que todo eso que experimentaba, me sucedería de nuevo y podría elegir estar ahí otra vez.

Miré a todos los Ángeles, los Cielos y las estrellas; y por último a mi Ángel.

—Elijo seguir viviendo mi vida en la tierra.

Tanto pronto como tomé mi decisión, volví a mi cuerpo físico consciente de mis alrededores. Arrodillada junto a mi cama, vi a mi doctora en lágrimas tratando de despertarme. Ella me dijo que finalmente había descubierto la causa. Necesitaba ir de inmediato a cirugía, ya que mi apéndice había explotado hace 4 días. No habían podido descifrarlo antes porque no estaba en un lugar común. Hallaron mi apéndice junto a mi hígado. No lo encontraron hasta que hicieron un escaneo completo de mi cuerpo. Yo sabía que iba a estar bien, porque había elegido estar ahí.

En mi cirugía, sacaron toda la infección que pudieron y repararon el daño. Mi cuerpo batalló 4 tipos de infecciones, y lo que salvó mi vida fueron los antibióticos que ingerí 24 horas antes de la explosión de mi apéndice. Eso evitó que la infección se esparciera por mi cuerpo. Los doctores me llamaron un milagro. Dijeron que si yo no hubiera estado en tan buena condición física, el desenlace de la historia hubiese sido diferente.

Eventualmente abandoné el hospital. Estoy tan agradecida con mi familia, mi novio, y todos los que estuvieron conmigo a cada hora durante mi enfermedad y recuperación. Todos estuvieron ahí para mí cuando los necesité y en cierto sentido eran Ángeles sirviendo como humanos.

Luego de esta experiencia, hice un cambio significativo en cómo veo la vida. Me volví más determinada que nunca a vivir cada día como si fuese el último. Las pequeñas cosas, como quedar atrapada en el tráfico, ya no me molestaban. Me propuse no perder un minuto de mi preciosa energía en algo que no importaba.

Mi lema es: “Si no lo recordaré dentro de 5 años, no lo pensaré más hoy”.

Casi morir me transformó. No vi al mundo de la misma manera. Comencé a ver a las personas como conectadas, todas formando parte de la misma Fuente, pero viviendo diferentes experiencias. Entendí lo mucho que nuestras experiencias están vinculadas con lo que escogemos; incluso cuando decidimos morir. Cada experiencia tuvo un propósito y nos ayudó en nuestro camino a alcanzar la razón por la que estamos aquí. No hay correcto o incorrecto, bueno o malo. Es solo nuestra percepción lo que lo hace de una forma u otra. No hay una religión verdadera o un camino al Cielo. Lo que sea que diga nuestro corazón como individuos es el sendero correcto para nosotros. Todos los senderos guían a la misma Fuente. Esto generó un tremendo crecimiento en mí. Algunas personas me preguntan sobre mi experiencia y escuchan con genuino interés, mientras que para otras es demasiado para digerir.

Conclusión

Durante mi última revisión, le conté a mi doctora mi historia y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella dijo que me creía porque en esos 4 días ellos no estuvieron seguros de si lo lograría. Me dijo lo mucho que lo sentía, pero le  respondí que no tenía por qué disculparse. Ellos hicieron lo mejor que pudieron con el conocimiento que tenían. Quizás sean doctores, pero siguen siendo seres humanos. Además, ¿cómo podría cambiar las experiencias y el crecimiento que tuve como resultado de ello?

Esos días no tuvieron precio y cambiaron mi vida. Todo sucede por una razón y lo que experimenté fue un despertar como ningún otro que hubiese tenido antes. La persona que entró en el hospital definitivamente no fue la misma que salió.

Uno de los efectos secundarios del crecimiento y el cambio es el efecto dominó. Toca a cada persona que te conoce en su propia manera única. Como resultado, algunas pueden experimentar su propio crecimiento. Para otros puede generar distancia, causando el alejamiento. El cambio en mí siempre parece afectar más a las relaciones cercanas. Se puede argumentar que había grietas en las bases antes de que el terremoto impactara. Pero, el resultado solía ser el mismo. Mi novio fue una roca para mí durante mi crisis de salud y recuperación. Sin embargo, él y yo no continuamos crecimiento al mismo ritmo. Me desperté viendo el mundo de diferente manera, pero en sus ojos, yo era la misma persona que fui cuando ingresé al hospital.

Debido a mi transformación, ya no veíamos las cosas desde el mismo punto de vista. Cuando intentamos arreglar la situación, parecía que yo estaba hablando en una lengua extranjera. No podía esperar que él entendiera lo que experimenté. No hay forma de que lo haga. Tratamos por un tiempo “volver a unirnos”, pero mientras más lo intentábamos, más incómodo era. El Universo me hizo saber de cada forma posible que nuestro tiempo había terminado.

Todo en nuestra vida es fluido. Nada se mantiene igual. Todo ser viviente crece y cambia, ¿por qué nosotros seríamos la excepción? El progreso es uno de los sucesos más naturales, y aun así nosotros como humanos le tememos y nos resistimos. Queremos aferrarnos a lo que consideramos seguro, incluso cuando lo que espera por nosotros puede ser mucho mejor de lo que podemos imaginar. Mientras más dejemos ir y fluyamos con el cambio, estando en un estado de disposición y aceptación, más fácil será tener una experiencia positiva.

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Traducido por: Diana Martínez, redactora y traductora en la gran familia hermandadblanca.org 

Canalizado por: Anónimo

Página original: https://iands.org/ndes/nde-stories/922-my-awakening-with-the-angels.html

 

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