Motivación (9) El que miente se miente

José Contreras

Motivación (9) El que miente se miente

Introducción

Continuamos revisando el tema de la motivación como fuerza para conseguir nuestros objetivos. En esta ocasión vamos a tratar uno de los problemas relacionados a la verdad y es el de la persona que considera que para lograr sus objetivos debe mentir.

Así como el problema del mal es en realidad una forma de estudiar lo que es el bien, también el problema de la mentira es una forma de estudiar lo que es la verdad.

Vivimos en una lucha constante por descubrir la verdad. Para esto se han creado las religiones, también se ha creado la Filosofía y la Ciencia. Pero todos sabemos que los religiosos, los filósofos y los científicos también pueden servir a intereses egoístas.

Por esto siempre debemos estar alerta para discernir cuánto hay de verdad y cuanto de mentira en las afirmaciones que nos hacen.

El que miente se miente

Pruebas iniciaticas

Muchas veces hemos oído que las pruebas iniciáticas son terribles. Otros, como en la obra Zanoni de Bulwer Lytton, nos dicen que esas pruebas pueden parecer muy divertidas como una aventura amorosa instintiva, pero el problema, estaría en las consecuencias. 

Sin embargo, no tenemos que llegar tan lejos para estar sometidos a pruebas que deciden cual es nuestro desarrollo moral.

Nosotros podemos ponernos a prueba. La prueba de decir la verdad en condiciones en que hay un costo. Todos podemos recordar situaciones en las que no nos atrevimos a decir la  verdad.

Cuento del niño mentiroso.

Hay un cuento de un niño a quien su abuela lo mandó a comprar y le recordó que le darían un vuelto. El niño hizo la compra pero le pareció bien quedarse con el vuelto. Llegó a su casa con la bolsa de comida y le contó a su abuela que el dinero que traía se le había caído en una alcantarilla. 

La abuela fue con él al sitio donde había perdido el dinero, levantó la alcantarilla y se dedicó a buscar el dinero. La pobre mujer se ensució toda, revisando en medio de la basura y el pantano. El niño mentiroso estaba avergonzado al ver como su abuela se embadurnaba con esa podredumbre, pero mantuvo su mentira ya que no sabía cómo desdecirse y el daño ya estaba hecho. La consecuencia fue que este niño se prometió no volver a mentir y además entendió que su abuela siempre supo que él había mentido, pero quiso darle una lección.

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El que miente se miente: su abuela siempre supo que él había mentido, pero quiso darle una lección.

La mentira como pensamiento ilógico

El mentiroso, en vez de aprender a pensar, se dedica a estudiar formas de engaño, cada vez más sutiles. Alguien podría decir que es una forma de aprender a pensar, cuando en realidad es una forma de desordenar el pensamiento. No hay nada que más deteste el mentiroso, sobre todo si es astuto, que el pensamiento lógico.

En realidad, sabe aparentar que usa el pensamiento lógico, cuando en realidad solo hace una caricatura de este. Un caso es el del intelectual que antes de hacer el estudio ya decide cual debe ser la conclusión, luego estudia todas las variantes posibles del problema y los presenta ante su audiencia y al final, como un mago de circo, saca la conclusión que ya tenía lista desde antes de comenzar su estudio.

Muchas veces los oyentes o lectores consideran que si el expositor ha presentado todas las variantes posibles del problema, también las ha tenido en cuenta para sacar la conclusión. Piensan que si ellos no ven la lógica interna entre los datos y la conclusión es porque ellos son menos inteligentes que el expositor.

Consecuencias de la mentira

Primera consecuencia

Si tenemos cierto nivel de desarrollo ético, algo en nosotros va a exigir que reparemos el error. Sin embargo, si el desarrollo es bajo, se puede hasta sentir placer en haber engañado a alguien. Lo que la persona no sabe es que ella misma ha aceptado esa mentira y ahora tiene que vivir con ella.

La primera consecuencia es que considera que puede solucionar todos sus problemas mintiendo.

Si esta persona es un científico, ocultará la información cuando no coincida con su hipótesis. Pero bastará con que otro quiera repetir el experimento para descubrir la mentira. Por esto decimos que el que miente, se miente.

Segunda consecuencia

Además siempre existirá el temor de que se descubra la verdad. Con lo cual tenemos la segunda consecuencia: el mentiroso no solo es cobarde, sino que  actua buscando ocultar su cobardía. Por esto insistimos: el que miente, se miente.

Tercera consecuencia

Camino a una patología; No nos damos cuenta que todo lo que pensamos, hacemos y decimos lo recibimos como una verdad que no puede ser negada. En otras palabras, somos los primeros receptores de todo lo que decimos, hacemos o pensamos.

Cuando mentimos nuestra subconsciencia  acepta esa información como cierta. Nuestra conciencia tiene capacidad crítica, pero nuestra subconsciencia acepta todo lo que le enviamos como una verdad y comienza a trabajar con ella. Así que el primero que acepta la mentira es nuestra subconciencia: esa parte interna nuestra que es receptora de todo lo que pensamos. En la medida en que nos mantenemos en esta actitud estamos en camino a la patología del mentiroso. Por esto repetimos: El que miente, se miente.

Hay casos en que mentimos para protegernos pero hay un caso más grave y es cuando mentimos para hacerle daño a otro. Es decir, mentimos con maldad. Si seguimos con la idea anterior de que nuestra subconsciencia acepta todo, tenemos que agregar que esa maldad no solo va dirigida al otro, sino que como un bumerang también llega a nosotros. Así que la mentira no solo daña nuestra forma de pensar, sino también nuestro sistema emocional.

Por otra parte, aquellos a quienes les mentimos tratan de verificar nuestra afirmación y es allí donde comienza el ciclo de elaborar nuevas mentiras para mantener la anterior. Incluso llegamos al caso de pedirle a alguien que nos ayude a mantener esa mentira.

Un caso extremo de esta situación se presenta cuando se llega al crimen para asegurar que no se descubra la mentira. Un caso conocido de esta situación es la de Jean-Claude Romand. 

Un caso extremo de esta situación se presenta cuando se llega al crimen para asegurar que no se descubra la mentira. Un caso conocido de esta situación es la de Jean-Claude Romand.

La mentira que se convierte en verdad

Normalmente se dice que la repetición de una mentira la convierte en verdad. No es que la convierte en verdad, sino que comienza a ser aceptada como un dogma que nadie se atreve a investigar. En la obra Zanoni de Bulwer Lytton al referirse a la mentira dice:

Aun cuando todo el mundo se esforzase en entronizar la mentira, no conseguirían que fuese una ley.

 

Este es el problema de las cosas que aceptamos sin discusión y no hacemos esfuerzo para descubrir si son ciertas. Por esto se dice que debemos buscar tres puntos de vista que nos demuestren la solidez de una afirmación.

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Debemos buscar tres puntos de vista que nos demuestren la solidez de una afirmación.

Las peores mentiras: Las medias verdades

Entre las mentiras están las medias verdades. Cuántas veces hemos escuchado que algo no es una mentira, sino una media verdad. El problema de las medias verdades es que alguien está interesado en que no se conozca la verdad. El que dice una media verdad sabe que está engañando al oyente. Si este conociese la otra parte de la verdad sería más libre para tomar su decisión e incluso llegaría a una conclusión totalmente diferente.

Debemos ser precavidos

Es cierto que no tenemos que exponer nuestra vida a la opinión pública. Decir la verdad no es exponernos a que nuestros enemigos nos hagan daño. Este tema se explica en el sueño de Anna Kingsford: Insensatez.

También está el caso de alguien que nos insiste en que aceptemos algo que es falso. Cuando su intención real es decir luego que nosotros hicimos esa afirmación. Es una forma muy cruel en la que el mentiroso trata de dejarnos mal ante nuestros compañeros. Esta es otra forma de exponernos. Debemos ser precavidos.

Schopenhauer señala que cuando diferentes personas nos dan un consejo que no hemos pedido pero que casualmente coinciden en su análisis, en vez de pensar que si lo dicen varios tienen que tener razón, debemos preguntarnos quien está detrás de todos ellos.

Es posible que entre ellos no haya relación, pero sí hay alguien detrás que les ha pedido por separado que hablen con nosotros y nos den esa sugerencia. Esta es una forma muy sutil de engañar. El hombre común no imagina que existan esas formas de maldad. Nuevamente debemos ser precavidos.

Otra de las consecuencias de persistir en la mentira, es que el mentiroso va siendo descubierto y poco a poco va perdiendo sus amistades. Solo los astutos lo buscan para que los ayuden a engañar a otros. No porque crean en él. Esto lleva a una soledad cada vez mayor. Normalmente estas personas solo tienen conocidos, pero no logran hacer amigos.

Una de las consecuencias de persistir en la mentira, es que el mentiroso va siendo descubierto y poco a poco va perdiendo sus amistades.

Conclusión

Buscad la verdad y serás libre. Esta es una frase del Nuevo Testamento de la Biblia. Tenemos que buscar la verdad siempre. Esto implica no ser crédulos y no aceptar las cosas porque lo dice una autoridad. Aunque nos parezca que quien lo dice debe saber lo que está diciendo, estamos en la obligación de poner a prueba esas afirmaciones.

Tenemos que aprender a discernir entre lo que creemos y lo que sabemos. Sabemos lo que hemos probado, lo que hemos demostrado. Por esta misma razón tenemos que estar alerta contra esa parte nuestra que se quiere defender con la mentira.

En los mitos siempre leemos que el héroe se tiene que poner a prueba. Esta es una de las pruebas que tenemos que superar: Ser capaces de decir la verdad, aunque tengamos que pagar un precio por ello.

Si no estamos dispuestos a correr riesgos por decir la verdad, estamos en camino de desordenar nuestra propia mente.

La mentira desordena nuestra mente y la mente desordenada nos engaña cuando creemos que estamos alcanzando nuestros objetivos.

Referencias

Anna Bonus Kingsford Insensatez.

Wikipedia Jean-Claude Romand

 

José Contreras redactor y traductor en la gran familia de hermandadblanca.org

 

Sugerencias de lectura

Filosofía de la libertad Rudolf Steiner (6) La imaginación moral

Anna Bonus Kingsford Sueño (10) El enigma del viejo reencarnado

«Zanoni» de Bulwer Lytton

 

6 comentarios

    1. Gracias por su comentario Augusto Aaron. Las mentiras simpáticas también pueden ser peligrosas. Saludos.

    1. Gracais por su comentario Alfonso. El problema está en la ge nte que no piensa y no le observa las patas. Saludos.

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